jueves, 30 de septiembre de 2010

Caminos ¡sí! Pero ¿adónde nos dirigimos?


José Cristo Rey García Paredes, cmf
Martes 28 de Septiembre del 2010
Fuente www.ciudadredonda.org

Complejísima red de caminos
Estamos en la época de los caminos, los métodos, los proyectos, los planes, las hojas de ruta, las programaciones, los mapas de recorrido…. Quedamos emplazados ante una complejísima red de pistas, caminos, comunicaciones, procesos que hemos de recorrer para responder a las interpelaciones del apostolado, de la espiritualidad, de la formación. Las comunicaciones vía email, o vía propaganda que recibimos no son pocas. Abrimos el mapa de recorridos que se nos proponen y nos abruma la propuesta de tanto itinerario.


Quienes asumen alguna responsabilidad de gobierno, de animación apostólica o espiritual o formativa se creen obligados -en conciencia y por responsabilidad- a programar, proyectar y lanzar nuevas iniciativas. Esto, que en principio, puede ser excelente, se enreda con otras iniciativas múltiples, provenientes de otras instancias a otros niveles (Santa Sede con sus Congregaciones y Comisiones Pontificias, Conferencias episcopales y sus comisiones, conferencias de religiosos y sus comisiones -tanto a nivel mundial como nacional, como regional o local, gobiernos generales y sus comisiones y secretariados, gobiernos provinciales y sus comisiones y secretariados). Quien quiera someterse a todas estas instancias y propuestas, ¿no sentirá la sensación de sentirse perdido en esa gran maraña de caminos o autopistas que se le ofrecen? Y como esto acontece en una vida religiosa con mayoría de ancianos y minoría de jóvenes ¿no resultará todo ello excesivo tanto para unos como para otros? Me viene a la mente la exhortación de nuestro Maestro:

"Marta, Marta,, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada" (Lc 10, 41-42).

Yo me pregunto: ¿cuál es la meta de tanto camino? ¿Sabemos bien a dónde vamos? ¿Damos la impresión de grupos de personas que saben lo que quieren y marchan con pie firme hacia una meta? O ¿parecemos más bien gente perdida, desorientada y entretenida en tareas o trabajos sin sentido? ¿Se han planteado seriamente quienes programan hacia qué meta hay que dirigirse y cuáles son los caminos y propuestas que permiten llegar a ella?

Un relato
Recuerdo una de las escenas de "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll. Alicia se encuentra con una pobre criaturita que creía ser un niño,. Lo tomó en sus brazos, pero al advertir que era un cerdito, lo dejó libre y se echó a trotar y adentrarse en el bosque. Entonces Alicia advirti;o que, sentado en una rama, estaba el Gato de Cheshire que sonreía y se atrevió a preguntarle: "¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? El gato le respondió: "Eso depende, en gran parte del sitio al que quieras llegar". "No me importa mucho el sitio" -replicó Alicia. "Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes" -contestó el Gato. "Siempre que llegue a alguna parte…" -dijo Alicia como explicación. "¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato-, si caminas lo suficiente!". A Alicia le pareció que esto no tenía vuelta de hoja.

Como vemos en esta historia, Alicia no tenía ni meta, ni visión. Así nos ocurre, también a nosotros, cuando en medio del enmarañado bosque de esta vida nos preguntan a dónde queremos ir o se nos presentan los más variados caminos.

La meta: ¡lo único necesario!
¿Cuál es la meta de todos nuestros caminos? Nos pueden responder quienes ya la conocen. Los místicos nos dicen que la meta de toda vida cristiana y humana es llevar a culminación la Alianza que se ha establecido entre Dios y el ser humano. Es una Alianza de amor que solo culmina con la unión más estrecha entre quienes se comprometen a ella. De lo que se trata es de "vivir en Alianza de amor" y posibilitar el sueño que esa Alianza implica. Abraham Joshua Heschel -gran teólogo judío- explica así la Alianza según la Biblia:
«La Biblia habla no sólo de una búsqueda de Dios por parte del hombre, sino también de la búsqueda del hombre por parte de Dios. 'Me has cazado como a un león', exclamó Job… La fe brota del temor, de la consciencia de estar expuestos a su presencia [la divina], del anhelo de responder a la llamada de Dios, de saber que hemos sido interpelados… Si Dios no formula la pregunta, todas nuestras búsquedas son vanas» (Dio alla ricerca dell'uomo, p. 156-157).

La meta es el encuentro definitivo con el Dios que nos busca, con el Buen Pastor que deja las noventa y nueve ovejas para buscarme a mí, con el Ama de Casa que la barre entera para encontrame a mí que estaba perdido. Es Él quien de las formas más inefables pregunta por mi, me pregunta, procura mi amistad, me pide relaciones. No son muchas las personas, tal vez, que captan esas voces; pero cuando uno se introduce en el diálogo puede llegar adonde uno no puede imaginarse. Nos dicen los místicos, que cuando en esa relación uno deja de ser el dueño de su vida y la pone en manos de Dios, deja de confiar en uno mismo, para confiar mucho totalmente en la relación de Alianza, uno entra en el estado de quietud (no agitación, no agobio), en el estado de gran concentración y capacidad de soñar lo hasta ahora imposible, en el estado de unión que es cuando se da la máxima comunión entre el Creador y su Creatura, el Abbá y el hijo o la hija, es cuando Jesús vive en nosotros, cuando el Espíritu toma posesión total de nosotros y nos potencia hasta límites insospechados.

Teresa de Jesús nos cuenta en el Libro de su Vida cómo Dios la buscó y ella, después de fuertes resistencias, se dejó atrapar y comenzó también a buscarle apasionadamente hasta que se produjo el desposorio y el ansia de unión definitiva. Esta culminación será la que Teresa vislumbre y nos comunique en otras obras suyas, especialmente "Las Moradas". Nuestra meta es la "séptima morada". Jesús se lo expresa así a Teresa de Jesús en una de sus locuciones:
"Deshácese toda la persona para ponerse más en Mí. Ya no es ella la que vive sino Yo" (Libro de la Vida, 18,14).

Creo que la vida cristiana y religiosa -y de cada uno de nosotros dentro de ella- se vuelve "mística"- cuando se hace realidad la petición del Padrenuestro "¡Hágase tu voluntad!, o el "Hágase en mí según tu Palabra" de María. Empieza la mística cuando dejamos a Dios ser Dios, en medio de nosotros. Cuando desconfiando de nuestras solas fuerzas tomamos en serio la Alianza y ponemos toda nuestra confianza en el Señor y no en los ídolos, de cualquier tipo. La relación de Alianza nos centra en Dios y lo único que –desde nuestra humildad y ruindad- podemos hacer es suplicarle que realice su buena voluntad y, por parte nuestra, no impedirlo.
Esto es lo que nos lleva al estado de quietud, de paz, a superar nuestros agobios. La vida religiosa necesita desagobiarse, simplificarse, volverse más confiada, abrirse al "pati divina", a la teopatía.

Cuando se vive en Alianza con Dios todo se integra dentro de esa relación de Alianza. Nada integrado en ella es perverso, aunque a veces los asesores "sin experiencia" no lo comprendan.
En la medida en que la Alianza nos hace poner toda nuestra confianza en el Espíritu renacerá entre nosotros la alegría, la capacidad de soñar y crear que es carisma y no habilidad nuestra. La comprensión de los votos o consejos evangélicos, en clave mística, nos hace superar los voluntarismos, las opciones ascéticas, para dejar que sea el mismo Jesús Resucitado, a través de su Espíritu y de María y José –sus grandes colaboradores- quienes en nosotros vayan diseñando nuestro estilo de vida.

Esta experiencia mística nos hará descubrir la dimensión mística de la misión. Hoy la debemos entender, sobre todo, como "missio Dei", "missio Spiritus", en la cual nos es dado participar. Tampoco nosotros somos los protagonistas primeros de la misión; la compartimos en alianza con el Espíritu de Dios Abbá y de Jesús. La gracia de ver el infierno, no incita a ser misioneros y profetas apocalípticos.

La experiencia mística es también apocalíptica. De ella nacen las decisiones heróicas, la capacidad de no temer, de enfrentarnos con el mundo de la injusticia, de la violencia, de la muerte, de luchar contra el imperio diabólico. Teresa de Jesús nos enseña qué importante es la visión para no vivir una espiritualidad ciega, para no emprender un camino que lleve a ninguna parte, para no realizar una misión ciega y no ser guías ciegos para el pueblo de Dios.

Salgamos al paso del "nuevo pelagianismo" que tanto nos tienta de las obras, las programaciones, los métodos, los procesos. Seamos más humildes, más confiados y que se haga verdad aquello con lo que comenzamos la oración diaria:
"Señor, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme".

Corazón de Ratón



Fuente: Ciudad Redonda
www.ciudadredonda.org

Cuenta una antigua fábula india que había un ratón que estaba siempre angustiado, porque tenía miedo al gato. Un mago se compadeció de él y lo convirtió… en un gato. Pero entonces empezó a sentir miedo del perro. De modo que el mago lo convirtió en perro. Luego empezó a sentir miedo de la pantera, y el mago lo convirtió en pantera. Con lo cual comenzó a temer al cazador. Llegado a este punto, el mago se dio por vencido
y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole: “Nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque siempre tendrás el corazón de un ratón”.


Esta bella historia que reproduce el gran maestro espiritual Anthony de Mello nos ilumina sobre la esperanza: Toda esperanza es del tamaño del corazón que espera.

Hoy muchos seres humanos sólo esperan tener un buen coche, un empleo bien remunerado, viajes, objetos, posición. Por eso, su esperanza no acaba de motivarlos en profundidad, viven con un horizonte ridículo. “Todas mis esperanzas están en mí ”, escribió Terencio.
Depende pues del desarrollo interior de la persona, de la capacidad de abrir sus horizontes y de ser feliz, porque la felicidad no es otra cosa que nuestra aptitud de esperar, es decir de creer en la vida. Y eso, como vulgarmente se dice, es “lo último que se pierde”. Puedes carecer de todo, estar, como Robinson Crusoe, en una isla desierta. Pero si hay esperanza, todo es posible, incluso ser feliz en esa isla desierta.

Vivimos en un mundo de desesperados y desesperanzados. El número de solitarios en la gran ciudad, el aumento de depresiones, la falta de estímulos e ilusiones en la juventud, las desigualdades, el aburrimiento, la saciedad material y de consumo nos bloquean para creer en el futuro o para darnos cuenta de que, si despertamos en nuestro interior, ya somos en realidad lo que esperamos ser.

Se trata de ampliar nuestra capacidad de esperar mientras estamos aquí, distendidos en el tiempo. Porque la vida está hecha de instantes y la razón de vivir es creer que el instante siguiente merece ser vivido. Entonces no hay nada que temer, porque “en el reino de la esperanza”, como dice un proverbio ruso, “nunca hay invierno”.

Un buen trabajo sería ir buscando esos resplandores en nuestra propia vida. Porque, si no nos queremos a nosotros mismos, difícilmente podremos repartir algo de esperanza a los demás. Esas razones para esperar están más cerca de lo que imaginamos: Desde el prodigio del nuevo día a alguien a quien amar, aunque no nos devuelva afecto, pasando por un vaso de agua, una canción y el revoloteo de un insecto. Me gusta aquella definición de Unamuno:

“La esperanza es nuestro íntimo
fundamento,
el sustituto de la vida;
la esperanza es lo que vive,
sólo recibe vida lo que espera.”

Busquemos hoy nuestra ración de esperanza, porque la esperanza más sencilla está más cerca de la verdad que la desesperación más razonada. Nunca dependerá de lo externo, porque el ratón no pierde sus miedos al convertirse en gato o en pantera, si sigue conservando su pequeño corazón de ratón. Que Dios reparta esperanza y ensanche el alma.

El alegre cansancio de Pedro M Lame

lunes, 13 de septiembre de 2010

La soledad nos da una buena lección


Ron Rolheiser
(Traduccuón Carmelo Astiz, cmf))
Lunes 13 de Septiembre del 2010

Hace unos años tuve una sesión de orientación espiritual con un joven, cuyo forcejeo con la soledad parecía ser contrario a lo normal. En vez de intentar librarse de ella, estaba preocupado por miedo a perderla. Tenía poco más de veinte años, enamorado de una joven maravillosa, pero estaba en conflicto interior sobre casarse o no con ella, porque temía que el matrimonio pudiera interferirse con su soledad y, según sus palabras, hacerle “una persona más superficial, con menos capacidad para ofrecerse a Dios y al mundo”.

“Entro a un lugar”, decía, “y automáticamente miro a ver si encuentro una cara triste, alguien cuya apariencia sugiera que hay cosas más importantes en la vida que ir de fiestas o que cotillear sobre las últimas noticias de los famosos”. Existe el peligro de identificar con excesiva simpleza la pesadez con la profundidad; pero no era éste su caso.


“Dentro de mí luchan dos imágenes”, decía. “Cuando tenía yo quince años, mi padre murió. Vivíamos en el campo; y mi padre sufrió un fuerte ataque de corazón. Lo introdujimos a empujones en el vehículo; y mi madre estaba sentada con él en asiento trasero, sosteniéndolo, mientras yo conducía, a mis quince años. Yo estaba totalmente asustado. Por desgracia, mi padre falleció de camino al hospital, pero murió en los brazos de mi madre. Por más triste que fuera esto, había algo de belleza en ello. He sentido siempre que esa es la manera como me gustaría morir, sostenido por alguien muy querido. Pero, mientras esa imagen me atrae con fuerza al matrimonio, miro también la forma cómo murió Jesús, solo, abandonado, sin nadie que lo sostuviera en sus brazos, en un abrazo solamente de algo transcendente, y me siento atraído a eso también. Hay nobleza en eso que no quiero dejar escapar. Ese puede ser también un buen modo de morir”.


Este joven temía perder su soledad, aun cuando saludablemente anhelaba la intimidad. No sabía explicar claramente por qué se sentía atraído a la soledad de Jesús en la cruz, salvo que intuía que ese sentimiento era de alguna manera algo noble, algo profundo y algo que le daría profundidad y nobleza.

Otros han estado en ese mismo lugar antes que él, entre ellos Jesús. Por ejemplo, el filósofo alemán Soren Kierkegaard, cuando joven, renunció al matrimonio por la misma razón por la que mi joven amigo lo temía. Acertada o desacertadamente, sintió que lo que tenía que ofrecer al mundo estaba enraizado dentro del sufrimiento de su propia soledad y que solamente podría propiciarlo al mundo, en adelante, desde ese centro y, en el caso de estar menos solo, tendría menos que ofrecer. ¿Tenía razón?

La fecundidad de su vida, a saber, la cantidad de gente (el Padre Henri Nouwen entre ellos) que se sintió curada y fortalecida por sus escritos, atestigua la verdad de su intuición. ¡Por sus frutos los conoceréis! Kierkegaard es el santo patrón de los solitarios. Pero, como mi joven amigo, se sentía también en conflicto interior por lo que ese sentimiento le afectaba. Muy poca gente le comprendió y esto le sumergió en “la tristeza de haber percibido y entendido algo verdadero – y luego verme a mí mismo incomprendido”. Confesó también que vivía la maldición “de no permitirme nunca dejar que nadie se uniera a mí profunda e íntimamente”. Tomás Merton, el famoso monje trapense americano, comentando sobre este mismo punto, dijo una vez que la ausencia de intimidad matrimonial en su vida constituía un “defecto en mi castidad”. Este tipo de profundidad se paga caro.
¿Por qué, a pesar de un inconveniente tan obvio, los Kierkegaards de nuestro mundo se sienten atraídos a la soledad, en la creencia de que ésta posee la llave a la profundidad, a la empatía y a la sabiduría?

¿Qué hace la soledad en nuestro favor?

Lo que la soledad hace en nuestro favor, especialmente la soledad muy intensa, es desestabilizar nuestro ego y hacerlo demasiado frágil para podernos sostener de una manera normal. Lo que ocurre entonces es que comenzamos a desenmarañarnos, a sentir que nos vamos desencolando, a darnos cuenta de nuestra pequeñez y a saber, en las raíces profundas de nuestro ser, que necesitamos conectarnos a algo más grande que nosotros para sobrevivir. Pero esa es una experiencia muy dolorosa y tendemos a huir de ella.

Sin embargo, y esto es una gran paradoja, esta experiencia de soledad intensa es uno de los medios privilegiados de encontrar la respuesta profunda a nuestra búsqueda de identidad y de sentido. Porque desestabiliza nuestro ego y nos desorienta, la soledad nos pone en contacto con lo que subyace a nuestro ego, a saber, el alma, nuestro yo más profundo. La imagen y semejanza de Dios radican ahí precisamente, como radican ahí así mismo nuestras más nobles y divinas energías. Ésta es la verdad existente detrás de la creencia de que en la soledad hay profundidad.

Y así la moraleja es ésta, seas casado o soltero:
Aquí va el consejo de un antiguo poeta persa, Hafiz:
No entregues tu soledad tan rápidamente.
Déjala que corte y cale en ti más profundo.
Que te haga fermAentaEr y te sazone
como pueden pocos ingredientes humanos o aun divinos.
Algo que falta en mi corazón
esta noche ha vuelto mis ojos tan suaves,
mi voz tan cariñosa
y mi necesidad de Dios
absolutamente clara.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Letanías a Nuestra Señora

Palabra de Vida - Setiembre 2010

«El mundo necesita una cura de Evangelio.
Por esto vivimos la palabra de Vida.
Una sola podría cambiar el mundo.
Y todos la podemos vivir, porque es luz para cada hombre.»

«No te digo hasta siete veces,
sino hasta setenta veces siete»
(Mt 18, 22)
“Não te digo até sete vezes, mas até setenta vezes sete vezes”.

Septiembre 2010

Jesús le responde a Pedro con estas palabras después de que éste, tras haber oído cosas maravillosas de la boca de Jesús, le preguntara: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces?». Y Jesús: «No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
Bajo la influencia de la predicación del Maestro, Pedro, bueno y generoso como era, probablemente había pensado atenerse a esta nueva pauta haciendo algo excepcional: llegando a perdonar hasta siete veces. […]
Pero, al responder «hasta setenta veces siete», Jesús dice que para él el perdón tiene que ser ilimitado: es necesario perdonar siempre.

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

Esta Palabra nos recuerda el canto bíblico de Lámec, un descendiente de Adán: «Caín será vengado siete veces, Lámec setenta y siete» . Es así como empieza a extenderse el odio en las relaciones entre los hombres del mundo: crece como un río desbordado.
A ese extenderse del mal, Jesús opone un perdón sin límites, incondicionado, capaz de romper la cadena de la violencia.
El perdón es la única solución para frenar el desorden y abrir a la humanidad un futuro que no sea la autodestrucción.

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

Perdonar. Perdonar siempre. El perdón no es olvido, que muchas veces significa no querer mirar la realidad de frente. El perdón no es debilidad, es decir, pasar por alto una ofensa por miedo al que la ha cometido si es más fuerte. El perdón no consiste en decir que no tiene importancia lo que es grave o que es bueno lo que es malo.
El perdón no es indiferencia. El perdón es un acto de voluntad y de lucidez, por lo tanto de libertad, que consiste en acoger a los hermanos como son no obstante el mal que nos han hecho, como Dios nos acoge a nosotros, pecadores, no obstante nuestros defectos. El perdón consiste en no responder a la ofensa con la ofensa, sino en hacer lo que dice S. Pablo: «No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien» .
El perdón consiste en darle la oportunidad a quien te ha hecho un agravio de que pueda tener una relación nueva contigo; la oportunidad de que ambos podáis retomar la vida, tener un porvenir en el que el mal no tenga la última palabra.


«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

¿Cómo se hará entonces para vivir esta Palabra?
Pedro le había peguntado a Jesús: “¿Cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano?”.
Y Jesús, entonces, al responder, tenía en la mira sobre todo las relaciones entre cristianos, entre miembros de la misma comunidad.
Y por lo tanto, antes que nada, que hace falta comportarse así con los otros hermanos y hermanas en la fe: en familia, en el trabajo, en la escuela o en la comunidad de la que se forma parte.
Sabemos que a menudo se quiere compensar con un acto, con una palabra correspondiente, la ofensa sufrida.
Se sabe que por diversidad de caracteres, o por nerviosismo, o por otras causas, las faltas de amor son frecuentes entre personas que viven juntas. Y bien, hace falta recordar que solamente una actitud de perdón, siempre renovada, puede mantener la paz y la unidad entre hermanos.
Estará siempre la tendencia a pensar en los defectos de las hermanas y de los hermanos, a acordarse de su pasado, a quererlos diferentes de cómo son... hace falta el hábito de verlos con un ojo nuevo, y nuevos ellos mismos, aceptándolos siempre, enseguida y hasta el fondo, aunque no se arrepientan.
Ánimo. Comenzamos una vida así, que nos asegura una paz jamás probada y mucha alegría desconocida.

Chiara Lubich
Publicación mensual del Movimiento de los Focolares
1. Este texto fue publicado en septiembre de 1999.
2. Gn. 4, 24.
3. Rom. 12, 21.


“Não te digo até sete vezes, mas até setenta vezes sete vezes”
(Mt 18, 22)

Com essas palavras, Jesus e responde a Pedro que, depois de ter ouvido coisas maravilhosas pronunciadas pela boca do Mestre, lhe fez esta pergunta: «Senhor, quantas vezes devo perdoar o meu irmão, se pecar contra mim? Até sete vezes?». E Jesus responde: «Não te digo até sete vezes, mas até setenta vezes sete vezes».
Pedro, sob a influência da pregação do Mestre, provavelmente tinha pensado – bom e generoso como era – em se lançar na sua nova linha, fazendo algo excepcional: chegar a perdoar até sete vezes. Mas respondendo «até setenta vezes sete vezes», Jesus afirma que, para Ele, o perdão deve ser ilimitado: é preciso perdoar sempre.

“Não te digo até sete vezes, mas até setenta vezes sete vezes”.

Essa frase relembra o cântico bíblico de Lamec, um descendente de Adão: «Sete vezes Caim será vingado, mas Lamec, setenta e sete vezes» . Começa assim a difusão do ódio no relacionamento entre os homens do mundo inteiro, avolumando-se como um rio na cheia.
Jesus contrapõe a essa difusão do mal o perdão sem limites, incondicional, capaz de romper a espiral da violência.
O perdão é a única solução capaz de conter a desordem e abrir, para a humanidade, um futuro que não seja a autodestruição.

“Não te digo até sete vezes, mas até setenta vezes sete vezes”.

Perdoar. Perdoar sempre. O perdão não é esquecimento, que muitas vezes significa não querer encarar a realidade. O perdão não é fraqueza, que significa não considerar uma injustiça por medo do mais forte que a cometeu. O perdão não consiste em achar sem importância aquilo que é grave ou como um bem aquilo que é mal.
O perdão não é indiferença. O perdão é um ato de vontade e de lucidez, portanto de liberdade, que consiste em acolher o irmão e a irmã do jeito que eles são, apesar do mal que nos possam ter causado, da mesma forma como Deus acolhe a nós pecadores, apesar dos nossos defeitos. O perdão consiste em não responder à ofensa com outra ofensa, mas em fazer aquilo que diz Paulo: «Não te deixes vencer pelo mal, mas vence o mal com o bem» .
O perdão consiste em você dar a quem o prejudica a possibilidade de estabelecer um novo relacionamento com você; é, portanto, uma nova chance para ele e para você de recomeçar a vida, de ter um futuro no qual o mal não tenha a última palavra.

“Não te digo até sete vezes, mas até setenta vezes sete vezes”.

Como faremos, então, para viver esta Palavra?
Ela é uma resposta de Jesus a Pedro, que lhe perguntou: «Quantas vezes terei que perdoar o meu irmão?»
Ao dar esta resposta, Jesus pensava, principalmente, no relacionamento entre cristãos, entre membros da mesma comunidade.
Por isso, é antes de tudo com os outros irmãos e irmãs na fé que você deve agir assim: na família, no trabalho, na escola ou na comunidade à qual pertencemos.
Sabemos como muitas vezes queremos retribuir a ofensa sofrida com um ato ou uma palavra à altura.
Sabemos também que, pelas diferenças de temperamento, por nervosismo ou por outras causas, a falta de amor é frequente entre pessoas que vivem juntas. Pois bem, é preciso lembrar-se de que só uma atitude sempre renovada de perdão pode manter a paz e a unidade entre os irmãos.
Teremos sempre a tendência de pensar nos defeitos das irmãs e dos irmãos, de lembrar o seu passado, de pretender que sejam diferentes... É preciso adquirir o hábito de vê-los com olhos novos, ou melhor, de vê-los novos, aceitando-os sempre, logo e totalmente, mesmo quando não se arrependem.
Você pode pensar: «Mas é difícil» Não há dúvida. Mas justamente aqui está a beleza do cristianismo. Não é por acaso que somos seguidores de Cristo que, morrendo na cruz, pediu perdão ao Pai por aqueles que o matavam, e ressuscitou.
Coragem. Comecemos uma vida desse tipo, que nos garante uma paz jamais experimentada e uma alegria a ser descoberta».

Chiara Lubich

sábado, 11 de septiembre de 2010

...sólo de la Abundancia de Tu Corazón

Herido por tu Palabra,
Abierto a las Bondades de Tu Misericordia
Parado sobre la Roca de la Fe
Deslumbrado por tu Majestad
Aquí estoy,
Levantando velas,
Esperando el Viento que me lleve
A las Abundancias de tu Corazón.

sábado, 4 de septiembre de 2010

“…Y así hasta el día de hoy”

“Dios nos coloca los últimos; parecemos condenados a muerte,
dados en espectáculo público para ángeles y hombres.
Nosotros, unos locos por Cristo, vosotros, ¡qué cristianos tan sensatos!
Nosotros débiles, vosotros fuertes;
vosotros célebres, nosotros despreciados;
hasta ahora hemos pasado hambre y sed y falta de ropa;
recibimos bofetadas, no tenemos domicilio,
nos agotamos trabajando con nuestras propias manos;
nos insultan, y les deseamos bendiciones;
nos persiguen, y aguantamos;
nos calumnian, y respondemos con buenos modos;
nos tratan como a la basura del mundo, el deshecho de la humanidad…”

Gracias por lo recibido, por lo dado, por el Don de Dones.
Enséñanos a amar la debilidad que es fortaleza de Dios
La locura, que es sensatez en Tu Cruz,
El desprecio, que nos hace célebres a Tus Ojos,
La falta de domicilio, que nos obliga a cobijarnos en Tu Corazón,
Y más Señor, más que las palabras finales de Pablo sean
deseo y clamor: ¡y así hasta el día de hoy!

domingo, 29 de agosto de 2010

Ven, Espíritu Santo !



Vem Espírito Santo, vem sobre nós
Como em Pentecostes possuir o meu ser
Vem Espírito Santo, vem sobre nós
Como a chuva que lava a terra, vem lavar meu viver

Liberta-nos de toda opressão
Batiza-nos com o óleo da unção
Reinflama os carismas com fervor
Para que possamos transbordar amor

sábado, 28 de agosto de 2010

Me despierto para ver tu Misericordia

“Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
En los que esperan en su misericordia”
(Sal 32)

Abro la puerta de este día dándote Gracias, Señor.
Antes que mis ojos puedan ver la Luz de esta nueva jornada,
Tu Mirada ya ésta sobre mí,
Y tu Misericordia me visita cada día,
y me entrega como presente que debe ser resguardado
el Silencio Amoroso de tu Presencia.

“Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
En los que esperan en su misericordia”

Gracias Padre Eterno por el Don de Tu Hijo,
Éste Cristo Nuesro que has hecho para nosotros
Sabiduría, justicia, santificación y redención.

Orando la palabra diaria: Co1,26-31; Salmo 32; Mt 25,14-30

miércoles, 25 de agosto de 2010

Serás dichoso, te irá bien… si sigues Su Camino

Porque no estoy completamente libre,
Necesito tu Gracia para vivir en justicia.
Porque no soy completamente libre,
Necesito tu Espíritu para vivir en la medida de Tu Corazón.
“Pareceis justos….”
Día a día tu Amor me construye.
Derrumbas mi orgullo y mis crímenes los pones a la luz.
Cercas mi hipocresía con la Lealtad y claridad de tu Corazón
Y me levantas con alegría,
No dejas grieta para el abatimiento
Porque tu sentencia es mi abrigo
“Serás dichoso, te irá bien… si sigues Su Camino” (salmo 127)

martes, 24 de agosto de 2010

¡Ven y Verás!

Que encuentre muchos “Felipes” en mi caminar Señor,
Felipes de pocas palabras que me conduzcan a Ti.
¡Ven y Verás!
Y pueda escuchar tu Voz que me dice: “Te ví”,
Gesto donde El Amor y la Fortaleza se encuentran.
Porque Eres Rabí,
Eres el Santo de Israel.
Y hazme un “Felipe” para los otros,
Para el hermano que te busca,
aquel en el que no hay engaño y necesita hoy también estucharte decir:
“Te ví”

orando la Palabra Juan 1,45-51

lunes, 23 de agosto de 2010

Como amar en momentos de odio y oposición

Ron Rolheiser (Traduccion Carmelo Astiz)
Lunes 23 de Agosto del 2010
Fuente: Ciudad Redonda
www.ciudadredonda.org

¿Cómo mantienes una actitud positiva, predicas esperanza y permaneces amable y generoso cuando confrontas oposición, incomprensión, hostilidad y odio?
Eso es lo que hizo Jesús; y esa cualidad especial de su vida y de su enseñanza constituye quizás el mayor reto personal y moral para todos nosotros que intentamos seguirle. ¿Cómo te mantienes amable frente al odio? ¿Cómo permaneces enérgico y animoso frente a la incomprensión? ¿Cómo sigues siendo afectuoso y amable frente a la hostilidad? ¿Cómo amas a tus enemigos cuando quieren eliminarte?


La práctica totalidad de nuestros instintos íntimos funcionan aquí en contra nuestra. Nuestros instintos naturales son generalmente auto-protectores, incluso hasta paranoides, contrarios a la abnegación y al perdón. Nuestro sentido innato de justicia exige el ojo por el ojo, el devolver en especie, odio por odio, recelo por recelo, homicidio por homicidio. Y esto no sólo pasa precisamente en los grandes asuntos, como sería nuestro esfuerzo por permanecer amables frente a amenazas de muerte. Nos esforzamos también por permanecer amables aun frente a pequeñas provocaciones, como la irritación.

¿Cómo aguantamos y controlamos la oposición, la incomprensión, el malentendido, la hostilidad y el odio?
Algunas veces nuestra respuesta consiste en quedarnos paralizados. Nos sentimos tan intimidados y amenazados por la oposición, la tergiversación y el odio que tomamos la retirada y nos escondemos. Retenemos nuestros ideales, pero ya no los ponemos en práctica en presencia de nuestros oponentes. Seguimos hablando de amor y comprensión, pero no a nuestros enemigos (a los que ciertamente no odiamos, pero de quienes nos mantenemos ahora alejados).


A veces nuestra respuesta es exactamente la contraria, a saber, frente a la oposición desarrollamos una piel tan dura que no tenemos por qué preocuparnos de lo que los demás piensen de nosotros: ¡Que piensen lo que les dé la gana! ¡Si no les gusta, que aguanten! El problema con nuestra “actitud de piel dura” es que nuestra capacidad de seguir profiriendo las palabras correctas y obrando las acciones correctas se basa, en parte, en una cierta ceguera e insensibilidad. En nuestra mente, nosotros no tenemos ningún problema. Los demás son los que los tienen.

Esta insensibilidad toma a veces una forma más sutil: la condescendencia. Se da esto cuando creemos que tenemos un corazón lo suficientemente grande como para amar a los que se nos oponen o nos odian, justo cuando nuestra empatía y amor se basan en un cierto elitismo, a saber, en el sentimiento de que somos tan superiores, moral y religiosamente, a los que nos odian que podemos amarles en su ignorancia: “¡Pobres; gente ignorante! ¡Si fueran más juiciosos…!” –pensamos.

Esto no es amor, sino un claro complejo de superioridad disfrazado de empatía y de preocupación. No fue así precisamente cómo Jesús trató a los que le odiaban.

¿Cómo les trató Jesús? Frente al odio y a la muerte infligida por sus enemigos, Jesús no se intimidó, ni tuvo piel dura ni fue condescendiente. ¡Qué hizo, pues? Se arraigó con mayor hondura en su propia identidad más profunda y, allí en el fondo, encontró el poder para seguir siendo afectuoso, amable, dispuesto a perdonar, frente al odio y al asesinato. ¿De qué modo?
Mientras Jesús era ejecutado oró así: “Perdónalos, porque no saben lo que están haciendo”. El famoso teólogo alemán Karl Rahner, al comentar esto, señala con agudeza que, de hecho, sus verdugos sí sabían lo que hacían. Sabían que estaban crucificando a un hombre inocente. Entonces,
¿por qué dice Jesús justamente que estaban obrando con ignorancia?

Su ignorancia, como resalta el mismo Karl Rahner, se sitúa en un nivel más profundo: Ignoraban cuánto él les amaba mientras que él mismo no era amado. Cuando los evangelios describen el estado interior de Jesús en la Última Cena, dicen: “…Jesús, sabiendo que el Padre lo había puesto todo en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se levanta de la mesa, se quita el manto…”

Jesús fue capaz de seguir amando y perdonando frente al odio y al asesinato porque, en el corazón mismo de su auto-conciencia, tenía conciencia de quién era él mismo, hijo de Dios, y cuánto le amaba su Padre. No tenía piel dura ni era elitista, justamente estaba en contacto con su propia identidad (quién era él mismo) y cómo era amado por su Padre. De esa fuente sacó su energía y su poder para perdonar.

También nosotros tenemos acceso a ese mismo poderoso manantial de energía. Como Jesús, nosotros también podemos estar tan dispuestos a perdonar.
Creo que muy pocas cosas se necesitan tanto hoy día, sea en la sociedad o en la iglesia, como esta capacidad de comprensión y de perdón. Seguir ofreciendo a otros genuina comprensión y auténtico amor frente a la oposición y el odio constituye el reto más fundamental, tanto social y político como eclesial, moral, religioso y humano.


Algunas veces la gente de iglesia intenta señalar una cuestión moral concreta como la prueba definitiva para determinar si alguien es o no es verdadero seguidor de Jesús. Si hubiera de existir una verdadera prueba definitiva que muestre al genuino seguidor de Jesús, ojalá fuera ésta: ¿Puedes seguir amando a los que te malinterpretan, a los que se te oponen, te son hostiles y te amenazan – sin sentirte paralizado, endurecido o condescendiente?

fuente: www.ciudadredonda.org

domingo, 22 de agosto de 2010

Listos para recibirTe

Aquí Señor!
Aquí Estamos,
Para recibir Tu Palabra, Tu Alimento, Tu Gracia.
Recibirte hecho Palabra y alimento de Vida.
Acogerte en espíritu y verdad.
Servirte en actitud de escucha permanente.
Para oir una y otra vez tu pedido,
Que es interpelación y orden:
“Fortaleced las manos débiles,
Robusteced las rodillas vacilantes,
Caminad por una senda llana,
Así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará”.
Que podamos penetrar en este tu Día,
El misterio de Tu Consuelo,
Imitar Tu caminar,
Vivificar lo que esta dolido.

sábado, 21 de agosto de 2010

Tus Pies tomaron posesión

Padre, gracias por el Don de Tu Hijo,
Por el Don de Tu Espíritu Santo.
Gracias por los nuevos tiempos en nuestra vida.
Las palabras que dirigiste a tu profeta Ezequiel
Se cumplen, porque nos abriste las puertas de tu Gracia.
“La Gloria del Señor llenaba el templo”
Has venido a residir en medio nuestro,
Nos hiciste Templos Vivos de Tu Espíritu y
las plantas de tus pies tomaron posesión,
y me haces decir con alegría:
“La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan”


Ezequiel 43. 1-7ª – Salmo 84

viernes, 20 de agosto de 2010

Eterna Gratitud



Toca de Assis
2010

¿Quien te podrá separar de mi?

Dios cree en tí

Santa Terquedad

Firme, Terca, Constante,
Así es tu Decisión Eterna de Amor.
No dejas espacio, ni territorio bajo el yugo de la desesperanza.
“…y sabréis que Yo soy el Señor”
Cuando alguna sinrazón quiere apagar Tu Sentencia,
Vuelves a pronunciarte
“Yo el Señor lo digo y lo hago”
Esa terquedad de amor me hace Bendecir Tu Amor
Cada mañana.
Ya no puedo andar errante, ni permitir que
La vida se vaya congelando.
Porque eres El Santo Invariable,
Fuente de Amor eterno.

Orando la Palabra 20.08.2010

martes, 17 de agosto de 2010

Noites Traiçoeiras

Cuando los Ángeles cantan




Escucha el Silencio



Nicolás de Ma. Caballero, cmf.
Martes 17 de Agosto del 2010

Fuente: Ciudad Redonda

No es una broma verbal; tampoco un aforismo teológico. Es sencillamente la formulación de un modelo nuevo de estar con las cosas. Tal vez el modelo único. Desde la poesía, es captar el instante ‘al vivirlo’ y dejarlo donde está. Es como un Haiku, que capta simplemente lo que está sucediendo ‘ahora’ y ‘aquí’; es el momento sorprendido.

‘Hacer un haiku
es mirar callado
algo sin tiempo’.

Todo momento es silencio
. Y meditar es la expresión de nuestro misterio personal. Escuchar el silencio es meditar; meditar-‘aprender a mirar en silencio’- facilita el ‘escuchar el Silencio, que es Dios’. Somos un haiku; algo que somos y que permanece sin tiempo, siendo nosotros mismos. Meditar es la capacidad de ‘ver eso’ sin entorpecimiento de palabras. Que la manera más fácil de entrar en estado meditativo es ponerse a escuchar.

Cierra los ojos y oye todos los ruidos en torno; escucha el bullicio o el murmullo general de todo, como estuvieras escuchando música. Te podrá parecer estúpido, pero estás asistiendo a otra versión de las cosas y a otra manera de ‘estar presente’. No intentes identificar los ruidos, no les pongas nombre (…). Deja que te lleguen y deja que se vayan. No hay ruidos adecuados o inadecuados, ni tampoco importa si alguien estornuda o se le cae alguna cosa; todo es simplemente ruido o sonido’1.

‘Escuchar el silencio’ tiene la solemnidad de ser una ‘contracultura’; algo que rompe los moldes que nos aprisionan y que condicionan, incluso, nuestra manera de relacionarnos con Dios. Nuestra relación ruidosa con Dios -a nuestro modo- es desde el ‘hacer y tener’; desde la contracultura del silencio, es desde el ‘ser y estar’.

Cometer la aparente ‘estupidez’ de detenerse ante lo que nos llega, es cambiar los modelos de pensar y de sentir con que afrontamos la vida: ordinariamente desde la utilidad o desde la repercusión afectiva que nos produce; desde la ‘lógica’ del hacer y del tener. ¡Qué bien, aunque de forma mordaz, Mariano José de Larra decía que algunos ‘no saben existir’.

Hace tiempo que confundo, no la clásica ‘esencia o existencia’ sino la ‘presencia y la existencia’. Ordinariamente, se nos escapa nuestra propia presencia; se nos escapa que somos un ‘acontecimiento’ y una consistencia. Y mientras no nos identifiquemos como ‘acontecimiento’ se nos escapa el hecho, el acontecimiento que nos funda: ‘
En Dios vivimos nos movemos y existimos’.

Y, aún más. Nuestro entrenamiento para una relación profunda-sólo con Dios-llega a ‘escuchar el silencio en silencio’. Y no es fácil. En el alarde y ostentación, al parecer, sólo literario de ‘escuchar el silencio’, se afrontan las seguridades neuróticas de nuestra mente habladora que nos corren como sangre no oxigenada por los capilares de la mente, del cuerpo y hasta del alma.

Invitar a ‘escuchar el silencio’, es invitación a resolver el koan de cómo se oye el ruido de una sola mano que aplaude. Es ‘la extraña lógica’ oriental en el intento por quebrar la lógica de la mente superficial. Es comenzar a entender de otra manera-‘sin manera’-dicen los místicos- lo que se refiere el Silencio invasor de Dios.

‘Cerremos los ojos para escuchar y oiremos el silen¬cio, y después los ruidos y sonidos que emergen de ese silencio’ 2. La excelencia de este proceder es un modelo válido y reconocido como un ejercicio ‘iniciático’: ‘iniciación a la experiencia del misterio’. No tiene la validez de lo útil, pero tiene la esencial realidad de ‘saber existir’. Y, cuando lo aplique a Dios, la gran validez de existir en Dios. ¡Es todo!

En la ‘nueva’ ‘lógica’ de esta relación también el cuerpo ‘es’. Ahora, por su cauce, corre todo el caudal de la mente. Al mirar en silencio, el nuevo cuerpo, ‘reconstruido’ por nuestra ‘afonía mental’, encontraremos la base primera para la paz mental.

Obsérvalo todo como un espectador distante, que deja pasar las nubes. Deja que atraviesen lentas o rápidas tu espacio corporal; es tu meteorología personal. ‘Contempla... la sensación de tu cuerpo, sin formulación. Déjala vivir y desplegarse con sus matices de calor, de frío, contracción, agitación’ 3. Es seductor el llegar a la meditación- a la conciencia silenciosa- contemplando el cuerpo, recorriéndolo... Se refuerza nuestro esquema corporal: la manera de vivir nuestro cuerpo, de vivirnos en él y de vivirnos desde él. Un milagro ocurrido en la cercanía de quien ‘se encuentra, con un equilibrio de que no dispone [ahora]
4.

La 'mirada silenciosa-siempre pobre- es la eficaz aproximación a un tipo de conciencia equilibrada y más revolucionaria desde su quietud. Una constatación final significativa: ‘Si tomas tu cerebro como objeto de contemplación 5 [en este caso de tu mirada silenciosa], pronto lo sentirás de forma diferente. Ya no estará apretado, cargado, agobiado. Percibirás sus oscilaciones y un inmenso ensanchamiento, que tranquiliza. Nace un cuerpo ‘elaborado’ desde el silencio; otro cuerpo. Tu cabeza [tu mente, el fondo] dejará de tener un lugar privilegiado y sus ruidos dejarán de ser parte de tu agobio. Después de un tiempo ‘... oirás cómo, del ‘agujero’ del silencio’, nacen los sonidos, sin causa, sin origen 6. Y, paradójicamente, podrás hablar con las cosas y con todo, sin palabras… No es poesía; es un modelo contemplativo; a tu alcance. La mente silenciada, deja un espacio para la revelación, y si eres un creyente en Dios y en Jesús, estarás facilitando la revelación de una Presencia en la que la vida se resuelve y descansa.

Oír el silencio es una pedagogía de la escucha, al servicio de la fe, que nos permite ‘oír a Dios’. Es otra manera de explicar la petición del profeta: ‘Dame oído de discípulo’ (Is 50,4). ¡Y pensar que uno puede ensayar algo que se le parezca, oyendo en silencio los ruidos de fuera y los murmullos de propia mente! Esto no es para teólogos; es para mendigos que están en la calle y duermen a la intemperie. Y de puro sencillo, no se entiende…

________________________________________
1 A. WATTS, Nueve meditaciones, p. 33.
2 A. WATTS, Nueve meditaciones, Barcelona, Kairós, 19812, p. 19.
3 JEAN KLEIN, La mirada inocente, p. 45s.
4 M. GUIRAO, Anatomía de la conciencia-Anatomía sofrológi¬ca, p. 242.
5 De tu mirada atenta, no analítica, de tu 'mirada pobre', se entiende.
6 A. WATTS, Memorias, p. 257.

Ver Fuente: www.ciudadredonda.org

Disipas toda desesperanza

Las mismas inquietudes, los mismos temores,
Las mismas expectativas.
En tu seguimiento, hoy y siempre, el proceso de
Conversión mantiene cierta lógica.
Y tu Pedagogía -eterna e inmutable-,
Estrena Mirada siempre nueva.
“Jesús se les quedó mirando…”
Y solo luego, muy luego de penetrarnos con Amor Misericordioso,
Vienes a proclamar palabras simples
Que diluyen toda inquietud.
“Para los hombres es imposible, pero Dios lo puede todo”
Sentencia que libera.
Sentencia que Fortalece.
Sentencia que vigoriza lo débil y robustece mis piernas
Para caminar este nuevo día.

lunes, 16 de agosto de 2010

PHN 2010

Palabra Viva



No es en el cumplimiento de la Ley donde te encuentro cada día.
Cumplirla no es más que hacer lo debido.
Sino en la escucha diaria, atenta y amorosa de tu Palabra que al abrir mis ojos me penetra hasta las entrañas:

“Si quieres llegar hasta el final…”
Y así voy descubriendo las riquezas que aún atan mi ascenso,

Cada día una nueva riqueza va quedando desatada porque no existe nada que pueda frenar el deseo de estar Contigo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Conheço um Coração

Cuaresma de San Miguel Arcángel



Breve historia sobre la Cuaresma de San Miguel

San Francisco de Asís fue un santo que en su vida mortal procuró nutrir mucho su alma, para no enfriar su amor por Jesús, un espíritu de oración y de sacrificio grande. Tal era su amor que realizaba tres “cuaresmas” por año, además de algunos otros períodos de ayuno y oración en honor a la Madre de Dios por la cual tenía un dulce y especial amor.
Fue de un modo muy especial que en la cuaresma de San Miguel, Dios concedió a San Francisco gracias abundantes entre ellas la de marcarlo en su cuerpo, por el profundo deseo de imitar a su Hijo Jesús, con las señales de su Pasión. Todas las “cuaresmas” eran realizadas en el Monte Alverne. Alverne: verna, viene de “vernare” verbo utilizado por Dante y que significa “hacer frío”, helar.
San Buenaventura dice en “Legenda Maior”, en su capítulo 9, párrafo 3 dos escritos biográficos de San Francisco: “un vínculo de amor indisoluble uníalo a lo ángeles cuyo maravilloso ardor lo ponía en éxtasis delante de Dios e inflamaba las almas de los elegidos”. Por devoción a los ángeles, celebraba una cuaresma de penitencia y oración durante los cuarenta días que siguen a la Asunción de la Santísima Virgen María. San Miguel, sobretodo, a quien cabe el papel de introducir las almas en el Paraíso, era objeto de devoción especial en razón del deseo que tenía el santo de salvar a todos los hombres. Era de conocimiento de Francisco la autoridad y el auxilio que el Arcángel Miguel ejercía para salvar las almas en el último instante de vida y el poder de ir a retirarlas del purgatorio.
Ese era el principal motivo por el cual Francisco realizaba su cuaresma y esto nos es relatado en la leyenda Terusina en el Nº 93 de su biografía donde el Santo dice en el año 1224, año en que recibió los estigmas, “Para honra de Dios, de la bienaventurada Virgen María y de San Miguel, príncipe de los ángeles y de las almas, quiero hacer aquí –en el monte Alverne-, una cuaresma”
Fue en 1224 en que San Francisco realizó su primera cuaresma en honra de San Miguel Arcángel.
Fue también en esta primera cuaresma en que Francisco recibió y sintió la mayor abundancia de gracias divinas, siendo transportado hasta Dios en un fuego de amor seráfico, y transformado por una profunda compasión en Aquel que, en su extremo de Amor, quiso ser crucificado.
Aproximándose la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, cuando él vio descender de lo alto del cielo, un Serafín de seis alas flameantes, el cual, en rápido vuelo, llego cerca del lugar donde Francisco estaba. Esta aparción dejo a Francisco hundido en un profundo éxtasis, y en su alma se mezclaba la alegría y la tristeza, una alegría desbordante al contemplar a Cristo que se le manifestaba de una manera milagrosa y familiar, pero al mismo tiempo de un dolor inmenso, pues la visión de la cruz traspasaba su alma como una espada de dos y de compasión.
Francisco comprendió entonces que no era el martirio del cuerpo, sino el amor y el incendio del alma lo que debería transformarlo a semejanza de Cristo Crucificado. Después de aquella conversación familiar, que nunca fue revelada a los otros, desapareció la visión dejándole el corazón inflamado de ardor e imprimiéndole en la carne a semejanza externa del crucificado, una marca. Luego empezarían a aparecer en sus manos y sus pies las marcas de los clavos.
Cuando el verdadero amor transformó al amigo de Cristo en semejanza de Aquel que el amaba, terminado los cuarentas días en el monte y en la soledad, llegó la fiesta de San Miguel, y Francisco, hombre del Evangelio, descendió del monte, trayendo la imagen del crucificado, no esculpida en piedra o madera por la mano de algún artísta, sino reproducida en su propia carne por el dedo del Dios Vivo.
San Francisco, para no igualarse a Jesús que quedó 40 días y 40 noches en ayuno total, come al final de estos días un pedazo de pan y bebe agua, porque se encontraba indigno de ser igual a Jesús.

Inicio de la Cuaresma
15 de Agosto (Fiesta de la Asunción) al 29 de setiembre (Fiesta de San Miguel).
Haga un altar en su casa con una imagen de San Miguel o con una estampa y recuerde que “esta cuaresma” comporta también una penitencia.
Se puede encender un cirio (vela) como signo de la presencia del Resucitado.

ORACIÓN A SAN MIGUEL
"Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha.

Ampáranos contra la preversidad y acechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros malignos espíritus que para perdición de las almas discurren por el mundo.
Amén."

LETANIAS DE SAN MIGUEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo,
ten piedad de nosotros.
Señor,
ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos
Jesucristo, atiéndenos.
Padre Celestial, que eres Dios,
ten piedad de nosotros.
Hijo Redentor del mundo, que eres Dios,
ten piedad de nosotros.
Espíritu Santo, que eres Dios,
ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un solo Dios,
ten piedad de nosotros.
Santa María, Reina de los Angeles,
ruega por nosotros.

San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de gracia de Dios….
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino….
San Miguel, coronado de honra y de gloria….
San Miguel, poderoso Príncipe de los Ejércitos Celestiales.
San Miguel, porta estandarte de la Santísima Trinidad.
San Miguel, guardián del Paraíso.
San Miguel, guía y consolador del pueblo Israelita.
San Miguel, esplendor y fuerza de la Iglesia militante.

San Miguel, honra ya alegría de la Iglesia Triunfante.
San Miguel, Luz de los Angeles.
San Miguel, valuarte de la verdadera Fe.
San Miguel, fuerza de aquellos que combaten por el estandarte de la cruz.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de vida.
San Miguel, socorro cierto.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades.
San Miguel, mensajero de la sentencia eterna.
San Miguel, consolador de las almas del purgatorio, Vos a quien el Señor encomendó recibir las almas después de la muerte.
San Miguel, nuestro Príncipe.
San Miguel, nuestro abogado.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, atiéndenos.
Ruega por nosotros glorioso San Miguel, príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
Para que seamos dignos de sus promesas.

Amén.

OREMOS:
Señor Jesucristo,
santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, la sabiduría que nos enseñe a juntar riquezas en el cielo y a cambiar los bienes de nuestro tiempo presente por los bienes eternos.
Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

CONSAGRACION A SAN MIGUEL
Príncipe nobilísimo de los ángeles, valeroso guerrero del Altísimo, celoso defensor de la Gloria del Señor, terror de los espíritus rebeldes, amor y delicia de todos los ángeles justos, mi querido San Miguel Arcángel, deseando hacer parte del número de tus devotos y siervos, a ti hoy me consagro, me doy y me ofrezco, y me pongo junto con mi familia y todo lo que me pertenece, debajo de tu poderosa protección.
s pequeña la ofrenda de mi servicio, siendo yo un pobre pecador, pero tu engrandecerás el afecto de mi corazón; recuerda que de hoy en adelante estoy debajo de tu sustento y debes asistirme en toda mi vida y obtenerme el perdón de mis muchos y graves pecados, la gracia de amar a Dios con todo mi corazón, a mi querido Salvador Jesucristo y a mi madre María Santísima, Concédeme aquellos auxilios que me son necesarios para obtener la corona de la eterna gloria. Defiéndeme de los enemigos del alma, especialmente en la hora de la muerte.
Ven, Príncipe Glorioso, asísteme en la última lucha y con tu arma poderosa lanza lejos, precipitando en los abismos del infierno, aquel ángel quebrador de promesas y soberbio que un día postraste en el combate en el cielo.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate, para que no perezcamos en el supremo juicio. Amén.

Cuaresma de San Miguel - Explicación - VIDEO

Señor de todas la vidas

En la mitad de la jornada,
Cuando los sonidos de la vida complican la audición de
Tu Voz Serena,
Es tu Palabra quien me rescata:
"todas las vidas son mías..."
Vienes a recordarme mi origen y mi destino,
Y un nuevo reto pones en mi camino:
"estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo..."
Gracias Señor De mi Media Tarde,
Porque nuevamente descubro que no quieres la muerte de nadie.
"Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
Renuévame por dentro con espíritu firme!"


Orando la Palabra del día 14.08.2010

jueves, 12 de agosto de 2010

Tudo Posso




Orando la Palabra del dia 13.08.2010

"El Señor es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor"
Como el salmista esta mañana Señor renuevo mi interior con tu Palabra.
Has grabado en lo profundo de mi ser Tu Grandeza, Tu Poder,
y Tu Señorío eterno.
Porque Eres un Dios de Alianza eterna,
de Memoria prodigiosa que recuerda la alianza de mi juventud
Y me alcanzas una alianza nueva, renovada, rejuvenecida.
Ni mis "seguridades al amparo de la fama"
pueden hacer mella en tu Misericordia.
y con un grito desde las entrañas quiero proclamar como el salmista:
"¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel"!
(Is 12,2-3.4bcd.5-6)

viernes, 6 de agosto de 2010

Puedes Reinar !!!



Senhor eu sei que é Teu este lugar
Todos querem Te adorar
Toma tua direção
Vem ó Santo Espírito
os espaços preencher
Reverência a Tua voz vamos fazer

Podes Reinar
Senhor Jesus oh sim,
O Teu poder teu povo sentirá
Que bom Senhor
Saber que estás presente aqui
Reina Senhor neste lugar

Visita cada irmão oh meu Senhor,
Dá-lhes paz interior,
E razões pra Te louvar
Desfaz todas as tristezas
incertezas desamor
Glorifica o Teu nome oh meu Senhor

Podes Reinar
Senhor Jesus oh sim,
O Teu poder teu povo sentirá
Que bom Senhor
Saber que estás presente aqui
Reina Senhor neste lugar