Aquí Señor!
Aquí Estamos,
Para recibir Tu Palabra, Tu Alimento, Tu Gracia.
Recibirte hecho Palabra y alimento de Vida.
Acogerte en espíritu y verdad.
Servirte en actitud de escucha permanente.
Para oir una y otra vez tu pedido,
Que es interpelación y orden:
“Fortaleced las manos débiles,
Robusteced las rodillas vacilantes,
Caminad por una senda llana,
Así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará”.
Que podamos penetrar en este tu Día,
El misterio de Tu Consuelo,
Imitar Tu caminar,
Vivificar lo que esta dolido.
domingo, 22 de agosto de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
Tus Pies tomaron posesión
Padre, gracias por el Don de Tu Hijo,
Por el Don de Tu Espíritu Santo.
Gracias por los nuevos tiempos en nuestra vida.
Las palabras que dirigiste a tu profeta Ezequiel
Se cumplen, porque nos abriste las puertas de tu Gracia.
“La Gloria del Señor llenaba el templo”
Has venido a residir en medio nuestro,
Nos hiciste Templos Vivos de Tu Espíritu y
las plantas de tus pies tomaron posesión,
y me haces decir con alegría:
“La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan”
Ezequiel 43. 1-7ª – Salmo 84
Por el Don de Tu Espíritu Santo.
Gracias por los nuevos tiempos en nuestra vida.
Las palabras que dirigiste a tu profeta Ezequiel
Se cumplen, porque nos abriste las puertas de tu Gracia.
“La Gloria del Señor llenaba el templo”
Has venido a residir en medio nuestro,
Nos hiciste Templos Vivos de Tu Espíritu y
las plantas de tus pies tomaron posesión,
y me haces decir con alegría:
“La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan”
Ezequiel 43. 1-7ª – Salmo 84
viernes, 20 de agosto de 2010
Santa Terquedad
Firme, Terca, Constante,
Así es tu Decisión Eterna de Amor.
No dejas espacio, ni territorio bajo el yugo de la desesperanza.
“…y sabréis que Yo soy el Señor”
Cuando alguna sinrazón quiere apagar Tu Sentencia,
Vuelves a pronunciarte
“Yo el Señor lo digo y lo hago”
Esa terquedad de amor me hace Bendecir Tu Amor
Cada mañana.
Ya no puedo andar errante, ni permitir que
La vida se vaya congelando.
Porque eres El Santo Invariable,
Fuente de Amor eterno.
Orando la Palabra 20.08.2010
Así es tu Decisión Eterna de Amor.
No dejas espacio, ni territorio bajo el yugo de la desesperanza.
“…y sabréis que Yo soy el Señor”
Cuando alguna sinrazón quiere apagar Tu Sentencia,
Vuelves a pronunciarte
“Yo el Señor lo digo y lo hago”
Esa terquedad de amor me hace Bendecir Tu Amor
Cada mañana.
Ya no puedo andar errante, ni permitir que
La vida se vaya congelando.
Porque eres El Santo Invariable,
Fuente de Amor eterno.
Orando la Palabra 20.08.2010
martes, 17 de agosto de 2010
Escucha el Silencio

Nicolás de Ma. Caballero, cmf.
Martes 17 de Agosto del 2010
Fuente: Ciudad Redonda
No es una broma verbal; tampoco un aforismo teológico. Es sencillamente la formulación de un modelo nuevo de estar con las cosas. Tal vez el modelo único. Desde la poesía, es captar el instante ‘al vivirlo’ y dejarlo donde está. Es como un Haiku, que capta simplemente lo que está sucediendo ‘ahora’ y ‘aquí’; es el momento sorprendido.
‘Hacer un haiku
es mirar callado
algo sin tiempo’.
Todo momento es silencio. Y meditar es la expresión de nuestro misterio personal. Escuchar el silencio es meditar; meditar-‘aprender a mirar en silencio’- facilita el ‘escuchar el Silencio, que es Dios’. Somos un haiku; algo que somos y que permanece sin tiempo, siendo nosotros mismos. Meditar es la capacidad de ‘ver eso’ sin entorpecimiento de palabras. Que la manera más fácil de entrar en estado meditativo es ponerse a escuchar.
Cierra los ojos y oye todos los ruidos en torno; escucha el bullicio o el murmullo general de todo, como estuvieras escuchando música. Te podrá parecer estúpido, pero estás asistiendo a otra versión de las cosas y a otra manera de ‘estar presente’. No intentes identificar los ruidos, no les pongas nombre (…). Deja que te lleguen y deja que se vayan. No hay ruidos adecuados o inadecuados, ni tampoco importa si alguien estornuda o se le cae alguna cosa; todo es simplemente ruido o sonido’1.
‘Escuchar el silencio’ tiene la solemnidad de ser una ‘contracultura’; algo que rompe los moldes que nos aprisionan y que condicionan, incluso, nuestra manera de relacionarnos con Dios. Nuestra relación ruidosa con Dios -a nuestro modo- es desde el ‘hacer y tener’; desde la contracultura del silencio, es desde el ‘ser y estar’.
Cometer la aparente ‘estupidez’ de detenerse ante lo que nos llega, es cambiar los modelos de pensar y de sentir con que afrontamos la vida: ordinariamente desde la utilidad o desde la repercusión afectiva que nos produce; desde la ‘lógica’ del hacer y del tener. ¡Qué bien, aunque de forma mordaz, Mariano José de Larra decía que algunos ‘no saben existir’.
Hace tiempo que confundo, no la clásica ‘esencia o existencia’ sino la ‘presencia y la existencia’. Ordinariamente, se nos escapa nuestra propia presencia; se nos escapa que somos un ‘acontecimiento’ y una consistencia. Y mientras no nos identifiquemos como ‘acontecimiento’ se nos escapa el hecho, el acontecimiento que nos funda: ‘En Dios vivimos nos movemos y existimos’.
Y, aún más. Nuestro entrenamiento para una relación profunda-sólo con Dios-llega a ‘escuchar el silencio en silencio’. Y no es fácil. En el alarde y ostentación, al parecer, sólo literario de ‘escuchar el silencio’, se afrontan las seguridades neuróticas de nuestra mente habladora que nos corren como sangre no oxigenada por los capilares de la mente, del cuerpo y hasta del alma.
Invitar a ‘escuchar el silencio’, es invitación a resolver el koan de cómo se oye el ruido de una sola mano que aplaude. Es ‘la extraña lógica’ oriental en el intento por quebrar la lógica de la mente superficial. Es comenzar a entender de otra manera-‘sin manera’-dicen los místicos- lo que se refiere el Silencio invasor de Dios.
‘Cerremos los ojos para escuchar y oiremos el silen¬cio, y después los ruidos y sonidos que emergen de ese silencio’ 2. La excelencia de este proceder es un modelo válido y reconocido como un ejercicio ‘iniciático’: ‘iniciación a la experiencia del misterio’. No tiene la validez de lo útil, pero tiene la esencial realidad de ‘saber existir’. Y, cuando lo aplique a Dios, la gran validez de existir en Dios. ¡Es todo!
En la ‘nueva’ ‘lógica’ de esta relación también el cuerpo ‘es’. Ahora, por su cauce, corre todo el caudal de la mente. Al mirar en silencio, el nuevo cuerpo, ‘reconstruido’ por nuestra ‘afonía mental’, encontraremos la base primera para la paz mental.
Obsérvalo todo como un espectador distante, que deja pasar las nubes. Deja que atraviesen lentas o rápidas tu espacio corporal; es tu meteorología personal. ‘Contempla... la sensación de tu cuerpo, sin formulación. Déjala vivir y desplegarse con sus matices de calor, de frío, contracción, agitación’ 3. Es seductor el llegar a la meditación- a la conciencia silenciosa- contemplando el cuerpo, recorriéndolo... Se refuerza nuestro esquema corporal: la manera de vivir nuestro cuerpo, de vivirnos en él y de vivirnos desde él. Un milagro ocurrido en la cercanía de quien ‘se encuentra, con un equilibrio de que no dispone [ahora]’4.
La 'mirada silenciosa-siempre pobre- es la eficaz aproximación a un tipo de conciencia equilibrada y más revolucionaria desde su quietud. Una constatación final significativa: ‘Si tomas tu cerebro como objeto de contemplación 5 [en este caso de tu mirada silenciosa], pronto lo sentirás de forma diferente. Ya no estará apretado, cargado, agobiado. Percibirás sus oscilaciones y un inmenso ensanchamiento, que tranquiliza. Nace un cuerpo ‘elaborado’ desde el silencio; otro cuerpo. Tu cabeza [tu mente, el fondo] dejará de tener un lugar privilegiado y sus ruidos dejarán de ser parte de tu agobio. Después de un tiempo ‘... oirás cómo, del ‘agujero’ del silencio’, nacen los sonidos, sin causa, sin origen 6. Y, paradójicamente, podrás hablar con las cosas y con todo, sin palabras… No es poesía; es un modelo contemplativo; a tu alcance. La mente silenciada, deja un espacio para la revelación, y si eres un creyente en Dios y en Jesús, estarás facilitando la revelación de una Presencia en la que la vida se resuelve y descansa.
Oír el silencio es una pedagogía de la escucha, al servicio de la fe, que nos permite ‘oír a Dios’. Es otra manera de explicar la petición del profeta: ‘Dame oído de discípulo’ (Is 50,4). ¡Y pensar que uno puede ensayar algo que se le parezca, oyendo en silencio los ruidos de fuera y los murmullos de propia mente! Esto no es para teólogos; es para mendigos que están en la calle y duermen a la intemperie. Y de puro sencillo, no se entiende…
________________________________________
1 A. WATTS, Nueve meditaciones, p. 33.
2 A. WATTS, Nueve meditaciones, Barcelona, Kairós, 19812, p. 19.
3 JEAN KLEIN, La mirada inocente, p. 45s.
4 M. GUIRAO, Anatomía de la conciencia-Anatomía sofrológi¬ca, p. 242.
5 De tu mirada atenta, no analítica, de tu 'mirada pobre', se entiende.
6 A. WATTS, Memorias, p. 257.
Ver Fuente: www.ciudadredonda.org
Disipas toda desesperanza
Las mismas inquietudes, los mismos temores,
Las mismas expectativas.
En tu seguimiento, hoy y siempre, el proceso de
Conversión mantiene cierta lógica.
Y tu Pedagogía -eterna e inmutable-,
Estrena Mirada siempre nueva.
“Jesús se les quedó mirando…”
Y solo luego, muy luego de penetrarnos con Amor Misericordioso,
Vienes a proclamar palabras simples
Que diluyen toda inquietud.
“Para los hombres es imposible, pero Dios lo puede todo”
Sentencia que libera.
Sentencia que Fortalece.
Sentencia que vigoriza lo débil y robustece mis piernas
Para caminar este nuevo día.
Las mismas expectativas.
En tu seguimiento, hoy y siempre, el proceso de
Conversión mantiene cierta lógica.
Y tu Pedagogía -eterna e inmutable-,
Estrena Mirada siempre nueva.
“Jesús se les quedó mirando…”
Y solo luego, muy luego de penetrarnos con Amor Misericordioso,
Vienes a proclamar palabras simples
Que diluyen toda inquietud.
“Para los hombres es imposible, pero Dios lo puede todo”
Sentencia que libera.
Sentencia que Fortalece.
Sentencia que vigoriza lo débil y robustece mis piernas
Para caminar este nuevo día.
lunes, 16 de agosto de 2010
Palabra Viva

No es en el cumplimiento de la Ley donde te encuentro cada día.
Cumplirla no es más que hacer lo debido.
Sino en la escucha diaria, atenta y amorosa de tu Palabra que al abrir mis ojos me penetra hasta las entrañas:
“Si quieres llegar hasta el final…”
Y así voy descubriendo las riquezas que aún atan mi ascenso,
Cada día una nueva riqueza va quedando desatada porque no existe nada que pueda frenar el deseo de estar Contigo.
domingo, 15 de agosto de 2010
Cuaresma de San Miguel Arcángel

Breve historia sobre la Cuaresma de San Miguel
San Francisco de Asís fue un santo que en su vida mortal procuró nutrir mucho su alma, para no enfriar su amor por Jesús, un espíritu de oración y de sacrificio grande. Tal era su amor que realizaba tres “cuaresmas” por año, además de algunos otros períodos de ayuno y oración en honor a la Madre de Dios por la cual tenía un dulce y especial amor.
Fue de un modo muy especial que en la cuaresma de San Miguel, Dios concedió a San Francisco gracias abundantes entre ellas la de marcarlo en su cuerpo, por el profundo deseo de imitar a su Hijo Jesús, con las señales de su Pasión. Todas las “cuaresmas” eran realizadas en el Monte Alverne. Alverne: verna, viene de “vernare” verbo utilizado por Dante y que significa “hacer frío”, helar.
San Buenaventura dice en “Legenda Maior”, en su capítulo 9, párrafo 3 dos escritos biográficos de San Francisco: “un vínculo de amor indisoluble uníalo a lo ángeles cuyo maravilloso ardor lo ponía en éxtasis delante de Dios e inflamaba las almas de los elegidos”. Por devoción a los ángeles, celebraba una cuaresma de penitencia y oración durante los cuarenta días que siguen a la Asunción de la Santísima Virgen María. San Miguel, sobretodo, a quien cabe el papel de introducir las almas en el Paraíso, era objeto de devoción especial en razón del deseo que tenía el santo de salvar a todos los hombres. Era de conocimiento de Francisco la autoridad y el auxilio que el Arcángel Miguel ejercía para salvar las almas en el último instante de vida y el poder de ir a retirarlas del purgatorio.
Ese era el principal motivo por el cual Francisco realizaba su cuaresma y esto nos es relatado en la leyenda Terusina en el Nº 93 de su biografía donde el Santo dice en el año 1224, año en que recibió los estigmas, “Para honra de Dios, de la bienaventurada Virgen María y de San Miguel, príncipe de los ángeles y de las almas, quiero hacer aquí –en el monte Alverne-, una cuaresma”
Fue en 1224 en que San Francisco realizó su primera cuaresma en honra de San Miguel Arcángel.
Fue también en esta primera cuaresma en que Francisco recibió y sintió la mayor abundancia de gracias divinas, siendo transportado hasta Dios en un fuego de amor seráfico, y transformado por una profunda compasión en Aquel que, en su extremo de Amor, quiso ser crucificado.
Aproximándose la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, cuando él vio descender de lo alto del cielo, un Serafín de seis alas flameantes, el cual, en rápido vuelo, llego cerca del lugar donde Francisco estaba. Esta aparción dejo a Francisco hundido en un profundo éxtasis, y en su alma se mezclaba la alegría y la tristeza, una alegría desbordante al contemplar a Cristo que se le manifestaba de una manera milagrosa y familiar, pero al mismo tiempo de un dolor inmenso, pues la visión de la cruz traspasaba su alma como una espada de dos y de compasión.
Francisco comprendió entonces que no era el martirio del cuerpo, sino el amor y el incendio del alma lo que debería transformarlo a semejanza de Cristo Crucificado. Después de aquella conversación familiar, que nunca fue revelada a los otros, desapareció la visión dejándole el corazón inflamado de ardor e imprimiéndole en la carne a semejanza externa del crucificado, una marca. Luego empezarían a aparecer en sus manos y sus pies las marcas de los clavos.
Cuando el verdadero amor transformó al amigo de Cristo en semejanza de Aquel que el amaba, terminado los cuarentas días en el monte y en la soledad, llegó la fiesta de San Miguel, y Francisco, hombre del Evangelio, descendió del monte, trayendo la imagen del crucificado, no esculpida en piedra o madera por la mano de algún artísta, sino reproducida en su propia carne por el dedo del Dios Vivo.
San Francisco, para no igualarse a Jesús que quedó 40 días y 40 noches en ayuno total, come al final de estos días un pedazo de pan y bebe agua, porque se encontraba indigno de ser igual a Jesús.
Inicio de la Cuaresma
15 de Agosto (Fiesta de la Asunción) al 29 de setiembre (Fiesta de San Miguel).
Haga un altar en su casa con una imagen de San Miguel o con una estampa y recuerde que “esta cuaresma” comporta también una penitencia.
Se puede encender un cirio (vela) como signo de la presencia del Resucitado.
ORACIÓN A SAN MIGUEL
"Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha.
Ampáranos contra la preversidad y acechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros malignos espíritus que para perdición de las almas discurren por el mundo.
Amén."
LETANIAS DE SAN MIGUEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos
Jesucristo, atiéndenos.
Padre Celestial, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Hijo Redentor del mundo, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Espíritu Santo, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, Reina de los Angeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de gracia de Dios….
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino….
San Miguel, coronado de honra y de gloria….
San Miguel, poderoso Príncipe de los Ejércitos Celestiales.
San Miguel, porta estandarte de la Santísima Trinidad.
San Miguel, guardián del Paraíso.
San Miguel, guía y consolador del pueblo Israelita.
San Miguel, esplendor y fuerza de la Iglesia militante.
San Miguel, honra ya alegría de la Iglesia Triunfante.
San Miguel, Luz de los Angeles.
San Miguel, valuarte de la verdadera Fe.
San Miguel, fuerza de aquellos que combaten por el estandarte de la cruz.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de vida.
San Miguel, socorro cierto.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades.
San Miguel, mensajero de la sentencia eterna.
San Miguel, consolador de las almas del purgatorio, Vos a quien el Señor encomendó recibir las almas después de la muerte.
San Miguel, nuestro Príncipe.
San Miguel, nuestro abogado.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, atiéndenos.
Ruega por nosotros glorioso San Miguel, príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
Para que seamos dignos de sus promesas.
Amén.
OREMOS:
Señor Jesucristo,
santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, la sabiduría que nos enseñe a juntar riquezas en el cielo y a cambiar los bienes de nuestro tiempo presente por los bienes eternos.
Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
CONSAGRACION A SAN MIGUEL
Príncipe nobilísimo de los ángeles, valeroso guerrero del Altísimo, celoso defensor de la Gloria del Señor, terror de los espíritus rebeldes, amor y delicia de todos los ángeles justos, mi querido San Miguel Arcángel, deseando hacer parte del número de tus devotos y siervos, a ti hoy me consagro, me doy y me ofrezco, y me pongo junto con mi familia y todo lo que me pertenece, debajo de tu poderosa protección.
s pequeña la ofrenda de mi servicio, siendo yo un pobre pecador, pero tu engrandecerás el afecto de mi corazón; recuerda que de hoy en adelante estoy debajo de tu sustento y debes asistirme en toda mi vida y obtenerme el perdón de mis muchos y graves pecados, la gracia de amar a Dios con todo mi corazón, a mi querido Salvador Jesucristo y a mi madre María Santísima, Concédeme aquellos auxilios que me son necesarios para obtener la corona de la eterna gloria. Defiéndeme de los enemigos del alma, especialmente en la hora de la muerte.
Ven, Príncipe Glorioso, asísteme en la última lucha y con tu arma poderosa lanza lejos, precipitando en los abismos del infierno, aquel ángel quebrador de promesas y soberbio que un día postraste en el combate en el cielo.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate, para que no perezcamos en el supremo juicio. Amén.
Cuaresma de San Miguel - Explicación - VIDEO
Señor de todas la vidas
En la mitad de la jornada,
Cuando los sonidos de la vida complican la audición de
Tu Voz Serena,
Es tu Palabra quien me rescata:
"todas las vidas son mías..."
Vienes a recordarme mi origen y mi destino,
Y un nuevo reto pones en mi camino:
"estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo..."
Gracias Señor De mi Media Tarde,
Porque nuevamente descubro que no quieres la muerte de nadie.
"Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
Renuévame por dentro con espíritu firme!"
Orando la Palabra del día 14.08.2010
Cuando los sonidos de la vida complican la audición de
Tu Voz Serena,
Es tu Palabra quien me rescata:
"todas las vidas son mías..."
Vienes a recordarme mi origen y mi destino,
Y un nuevo reto pones en mi camino:
"estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo..."
Gracias Señor De mi Media Tarde,
Porque nuevamente descubro que no quieres la muerte de nadie.
"Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
Renuévame por dentro con espíritu firme!"
Orando la Palabra del día 14.08.2010
jueves, 12 de agosto de 2010
Tudo Posso
Orando la Palabra del dia 13.08.2010
"El Señor es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor"
Como el salmista esta mañana Señor renuevo mi interior con tu Palabra.
Has grabado en lo profundo de mi ser Tu Grandeza, Tu Poder,
y Tu Señorío eterno.
Porque Eres un Dios de Alianza eterna,
de Memoria prodigiosa que recuerda la alianza de mi juventud
Y me alcanzas una alianza nueva, renovada, rejuvenecida.
Ni mis "seguridades al amparo de la fama"
pueden hacer mella en tu Misericordia.
y con un grito desde las entrañas quiero proclamar como el salmista:
"¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel"!
(Is 12,2-3.4bcd.5-6)
viernes, 6 de agosto de 2010
Puedes Reinar !!!
Senhor eu sei que é Teu este lugar
Todos querem Te adorar
Toma tua direção
Vem ó Santo Espírito
os espaços preencher
Reverência a Tua voz vamos fazer
Podes Reinar
Senhor Jesus oh sim,
O Teu poder teu povo sentirá
Que bom Senhor
Saber que estás presente aqui
Reina Senhor neste lugar
Visita cada irmão oh meu Senhor,
Dá-lhes paz interior,
E razões pra Te louvar
Desfaz todas as tristezas
incertezas desamor
Glorifica o Teu nome oh meu Senhor
Podes Reinar
Senhor Jesus oh sim,
O Teu poder teu povo sentirá
Que bom Senhor
Saber que estás presente aqui
Reina Senhor neste lugar
sábado, 31 de julio de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010
Practicad el derecho y la justicia

Juan Velarde Fuertes
Martes 27 de Julio del 2010
Fuente: www.ciudadredonda.org
La justicia del Dios del Antiguo Testamento es parcial. Dios toma partido por los pobres y necesitados. Su justicia les dará la vida que los opresores les niegan. Pero Dios va más allá, les dará la gloria v la salvación. Los hombres lo van comprendiendo poco a poco. En el Antiguo Testamento nos encontramos con una toma de conciencia progresiva de las implicaciones de la justicia en la vida del hombre y en el modo de entender a Dios. Ese dinamismo que parte de la justicia equitativa se irá enriqueciendo hasta llegar a la justicia de la fe. Todo ello implica cambios concretos en el comportamiento de los hombres
Si nos tomáramos la molestia de leer en el Antiguo Testamento todos los lugares en los que se habla de «justicia» nos llamaría la atención la pluralidad de contextos y situaciones en que aparece y la diversidad de significados con que se hace uso de este término. Probablemente encontraríamos dificultades para identificarnos con esa «justicia» de la Biblia, acostumbrados como estamos a identificarla con el «dar a cada uno lo suyo» según la ley. Pero si queremos entrar un poco en la justicia que nos presenta la Biblia no podemos ignorar su dimensión religiosa, que ensancha la dimensión meramente humana, y que va haciendo progresar la concepción de esta realidad a lo largo de la historia del Pueblo elegido.
La justicia en los tribunales
Ciertamente encontraremos la «justicia» de la Biblia en el ámbito judicial que nos es fami¬liar. Después de un período en el que la justicia en Israel se mueve en el ámbito del Templo, el Deuteronomio ordena el establecimiento de tribunales «civiles», en los que los jueces «administrarán la justicia entre un hombre y su hermano o un forastero» (Dt 1,16). Las recomendaciones que se hacen a los jueces pretenden evitar la corrupción en el juicio y los favoritismos: no se han de recibir regalos, pues pervierten las causas justas (Ex 23,8); no se ha de torcer el derecho del pobre en el pleito (Ex 23,6) ni quitar la vida del inocente, absolviendo al malvado (Ex 23,7); la injusticia no se justifica ni por favorecer al pobre ni por temor del poderoso (Lev 19,15); el juez ha de ser recto y no dejarse conducir por la mayoría a la injusticia (Ex 23,2).
Esta justicia forense estricta equivale a la verdad objetiva: hacer justicia no es más que pronunciar y ejercer en favor del inocente la sentencia a que tiene derecho; pero se diferen¬cia de la nuestra en su motivación: se ha de buscar la justicia para obtener la vida y mantener la posesión de la tierra que Dios da a su pueblo (Dt 16,20).
Los profetas: denuncia de la injusticia
Si avanzamos un poco en la historia de Israel entraremos en una época en la que resue¬nan los reproches enérgicos de los profetas que denuncian la injusticia. Nos encontramos en el reino del Norte en torno al siglo VIII antes de Cristo. El cambio sociopolítico que se ha producido (desaparición de la sociedad tribal en favor del establecimiento definitivo de la monarquía centralizada) ha engendrado un sistema corrompido y represivo. Cuando llegan dificul¬tades el pobre tiene que recurrir a préstamos cuyos altos intereses acaban por devorar sus pocas posesiones. Los ricos se van enriqueciendo a costa de los pobres.
En este contexto se entienden las duras palabras de Amos en defensa del pobre y del oprimido (Am 5,12). El justo es vendido por di¬nero (2,6) mientras que se amontona la violencia y la rapiña en los lujosos palacios (3,9ss); se oprime a los débiles (4,1-2; 5,12) aceptando sobornos; se pisotea al desvalido y al humilde (8,4) y se echa por tierra la justicia, rechazando al testigo veraz (5,7.10.11). Esta situación de injusticia clama al cielo y prepara el castigo de los opresores.
Ahora bien, para estos profetas no se trata de factores socioeconómicos ni políticos; en el origen de estas situaciones de injusticia se en¬cuentra una razón de naturaleza teológica: el pueblo ha abandonado la fe de los padres y se ha corrompido; de lo contrario habría descubierto unas estructuras justas para la nueva situación. Tampoco hallamos un plan organizado de reformas sociales ni incitaciones a la revolución. Al lado de las denuncias encontramos invitaciones a la conversión: «Practicad el derecho y la justicia» (Os 10,12; Jer 22,3). La vuelta a Dios restablecerá una situación paradisíaca.
Pero no todo es anuncio de desgracia en estos profetas. Encontramos textos -principalmente en Isaías- en los que se empieza a hablar de la venida de un Mesías «justo» en el futuro: se sentará sobre el trono de David y ejercerá rectamente el derecho y la justicia... (cf Jer 23,6).
El cumplimiento de la Ley y la responsabilidad personal
En los años inmediatamente anteriores al exilio tiene lugar un cambio de orientación en la concepción de la justicia: la corriente legalista representada por el movimiento religioso Deuteronomista deja notar su influencia en las expresiones sobre la justicia. Esta pasará a entenderse en el marco de la observancia de los mandamientos. De este modo el hombre justo será el que sigue el camino marcado por los preceptos. En este sentido, contamos con una serie de proverbios que nos presentan las características del justo y del malvado (Prov 11,5-10.23; 10,2.20.21.32; 13,514,32; 15,28).
El justo no es un sujeto pasivo (el «inocente que pide justicia») sino el que practica la justicia. El acento no se pone ya en la relación del hombre con el hombre; se trata más bien de una actitud frente a Dios que se expresa en la obediencia. La conducta conforme a la Ley es fuente de méritos y prosperidad.
Israel terminó por plantearse el problema de la responsabilidad en cuanto a la justicia/injusticia. El dicho popular de Jer. 31,29 («los padres comieron los agraces y los hijos sufren la dentera» nos ofrece el nudo del problema: la ecuación bendición/justicia pierde toda su fuerza si el justo ha de pagar por las transgresiones de los antepasados. El profeta Ezequiel en el capítulo 18 dará una solución clara: «El que peque es quien morirá... el que es justo y practica el derecho y la justicia,... vivirá sin duda» (vv. 4b-9). Este texto, con la abundante casuística que describe al justo, su¬pone un progreso en la concepción de la justicia en Israel al declarar al individuo responsable de sus obras, abriendo de paso la posibilidad a un cambio radical en el modo de obrar del impío que le conducirá a la vida.
¿Es justo ante Dios algún mortal? Con Job la reflexión acerca de las obras de justicia como méritos ante Dios alcanzará una gran profundidad: el conocimiento humano de los designios divinos no es suficiente como para entender el obrar de Dios; no se excluye el sufrimiento, incluso el martirio del pobre; y en definitiva «¿cómo podrá ser justo un hombre ante Dios?» (Job 9,2). A pesar de que se man¬tendrá la corriente legalista ya se ha planteado la cuestión de la justicia de la Ley como vana e inoperante. Es entonces cuando pueden cobrar un sentido especial algunos textos antiguos que ponen en relación la justicia y la fe: el abandono en Dios tiene a sus ojos más valor que todas las obras.
La Justicia que viene de Dios
Por tanto, es necesario enfocar también a la fuente de toda justicia: Dios. Justicia designa en un primer momento los castigos de Dios a los enemigos de Israel: el juicio es una manifestación del poder de Dios a favor de su pueblo. En Ex 12,12 Dios se toma justicia de los dioses egipcios con la última plaga. Hay textos, incluso, en los que los favores divinos para con Israel son llamados justicias (Jue 5,11; ISam 12,6ss; Miq 6,3ss). Todo el pueblo en su conjunto es beneficiario de la justicia divina bajo la forma de liberación o venganza; la misma justicia será castigo para los enemigos.
En la profecía preexílica, que como hemos visto toma generalmente forma de reproche y amenaza, la intervención divina se presenta en forma de castigo inminente (Am 5,24; 10,22-23). Con respecto a la justicia anterior se da un paso adelante: el castigo ahora se dirige hacia los pecadores, aunque sean israelitas. Dios, en su justicia no hace acepción de personas. No basta pertenecer al pueblo para que uno se vea favorecido por la justicia de Dios. De este modo se muestra la justicia como una característica de Dios virtualmente ética y universal.
El Dios de los desamparados
La justicia divina tiene además un aspecto favorable: Dios se complace en el derecho y la justicia (Jer 9,23; 11,20). Aquí la justicia es respuesta a la queja de los oprimidos (Sal 43,1: «Oh Dios, defiende mi causa contra gente sin piedad...»). La justicia imparcial de Dios, cuando es invocada por un inocente, se revela como sentencia favorable. Nos encontramos con lo opuesto a la función judicial; la justicia adquiere la forma de la liberación del oprimido operada por un Dios que toma partido en lugar de inhibirse.
Finalmente, en la profecía del segundo y tercer Isaías nos encontramos en un contexto marcado preferentemente por la justicia salvífica de Dios. La salvación prometida por Dios a su pueblo cautivo es comunicación de gracia y gloria que va más allá de la mera la libera¬ción, e incluso de la retribución. Se trata de la concesión de bienes celestiales a un pueblo que no tiene otro mérito más que el de ser escogido por Dios (Is 45, 22-25; 46,12-13; 54,17). Aquí el adjetivo justo aplicado a Dios designa la conformidad de sus actos salvíficos con sus promesas, justificar es una intervención divina que esta más cerca de la glorificación que de la liberación (Is 41,2.10; 42,6.21).
En conclusión, en el Antiguo Testamento nos encontramos con una toma de conciencia progresiva de las implicaciones de la justicia en la totalidad de la vida del hombre y en el modo de entender a Dios. Este dinamismo que parte de la justicia equitativa se irá enriqueciendo en sus dimensiones moral y religiosa hasta llegar a la justicia de la fe. Todo ello implica cambios concretos en el comportamiento de los hombres. Pero no todos los problemas están resuel¬tos de modo definitivo. El Antiguo Testamento nos remite a un futuro que encontrará su justo cumplimiento en el Nuevo Testamento .
fuente: www.ciudadredonda.org
lunes, 26 de julio de 2010
El Poder del Beso o Abrazo Ritual

Fuente: Ciudad Redonda
Ron Rolheiser, omi
Lunes 26 de Julio del 2010
“No viajes nunca con alguien que espere que seas atractivo e interesante todo el tiempo. En un largo viaje por fuerza habrá algunos trechos y momentos aburridos”.
Éste es un axioma ofrecido por Daniel Berrigan en sus “Mandamientos para el Largo Recorrido”, que contiene una fina sabiduría, ausente hoy día muchas veces en nuestros matrimonios, en nuestra vida de familia, nuestras amistades, nuestras iglesias y nuestra vida espiritual.
Hoy con frecuencia crucificamos no sólo a otros, sino también a nosotros mismos con la noción imposible de que, al interior de nuestras relaciones, de nuestras familias, de nuestras iglesias y de nuestra vida de oración, tenemos que estar alertas, atentos, entusiastas y emocionalmente presentes y en control todo el tiempo. Nunca se nos permite distraernos, aburrirnos y estar inquietos para pasar a alguna otra cosa, porque pesan sobre nosotros las presiones y el cansancio de nuestra vida. Nos sentimos culpables ante los otros y ante nosotros mismos con juicios como éstos: ¡Algunas veces estás demasiado distraído y cansado para escucharme realmente! ¡Tú estás realmente ausente en esta comida! ¡Te aburres en la Iglesia! ¡Estás demasiado inquieto para acabar esto! ¡No me amas como al principio! ¡No tienes puesto tu corazón en esto como acostumbrabas!
Aun cuando estos juicios muestran un reto saludable, también revelan una ingenuidad y falta de comprensión de lo que en realidad nos sostiene en nuestra vida diaria. Ritualmente nos hemos quedado atrofiados, como sin oído musical.
¿Qué quiero decir con esto? Veamos un ejemplo: Un estudio reciente sobre el matrimonio señala que a las parejas que acostumbran darse regularmente un beso o abrazo ritual antes de salir de casa por la mañana y otro abrazo o beso ritual por la noche, antes de retirarse, les va mejor que a los que dejan que este gesto se realice llevados de la espontaneidad o del humor momentáneos.
El estudio subraya que, aun cuando el beso ritual se haga de una forma distraída, apresurada, mecánica o moralmente obligada, realiza una función importante, a saber, habla de fidelidad y compromiso más allá de los altibajos de nuestras emociones, distracciones, cansancio en un día concreto. Es un ritual, un acto que se realiza regularmente para expresar precisamente lo que nuestras mentes y corazones no pueden decir siempre, a saber, que el rincón más profundo de nosotros permanece comprometido incluso en esos momentos en que estamos demasiado cansados, demasiado distraídos, demasiado enojados, demasiado aburridos, demasiado inquietos, demasiado preocupados por nosotros mismos o demasiado infieles -emocional o intelectualmente- como para estar tan atentos y presentes como debiéramos estar. El beso o abrazo ritual expresa que todavía amamos al otro y que permanecemos comprometidos, a pesar de los cambios y presiones inevitables que las épocas de la vida llevan consigo. Esto con frecuencia no se entiende hoy en día. Una sobre-idealización del amor, de la familia, de la iglesia y de la oración destroza con frecuencia la realidad. La cultura popular nos haría creer que el amor habría de ser siempre romántico, excitante e interesante, y que la falta de emoción excitante es señal de que algo marcha mal.
Los liturgistas y líderes de oración querrían hacernos creer que cada celebración de iglesia tiene que estar llena de entusiasmo y emoción, y que algo malo nos pasa cuando nos encontramos desinflados, aburridos, mirando a nuestro reloj y resistiendo a un atractivo emocional en la iglesia o en la oración.
En todas partes se nos advierte sobre los peligros de hacer algo simplemente porque es un deber, que hay algo que va mal cuando los movimientos del amor, oración o servicio se vuelven rutinarios. ¿Por qué hacer algo si no tienes puesto en ello tu corazón?
De nuevo, hay algo legítimo en estas advertencias: Deber y compromiso, sin corazón, al fin no se sostendrán. Sin embargo, admitido eso, es importante reconocer y señalar el hecho de que cualquier relación en el amor, en la familia, en la iglesia o en la oración solamente pueden mantenerse por un largo período de tiempo a través del ritual y de la rutina. El ritual sostiene al corazón, no a la inversa.
Es la fidelidad a la rutina de la vida de cada día, no la luna de miel, lo que en definitiva mantiene a un matrimonio.
Es la fidelidad a estar simplemente en la comida de fin de semana, comida sencilla ingerida rápidamente y de modo distraído -no la enorme celebración o el suntuoso banquete- lo que sostiene la vida de familia.
La familia que exige que cada comida juntos sea un acontecimiento en el que cada uno se compromete afectivamente, e insiste en que las presiones del tiempo y la agenda personal no habrían de tenerse en cuenta, muy pronto notará que cada vez más miembros de la familia encuentran excusas para no estar allí. Y por buena razón: Nadie tiene energía para celebrar un banquete cada día. Efectivamente, nadie, excepto Dios, es inmune al simple cansancio, distracción, promiscuidad afectiva y preocupación de sí mismo que pueden hacer difícil al corazón estar alerta, atento, emocionalmente presente en cualquier momento.
El amor, como afirma el lenguaje familiar del Encuentro Matrimonial, se muestra en la decisión. Lo mismo cabe decir de la oración. Quien ora sólo cuando puede comprometer afectivamente su alma y corazón no mantendrá la oración durante mucho tiempo. Pero el hábito de oración, el ritual, la sencilla fidelidad al acto prometido, acudiendo a hacerlo sin tener en cuenta ni sentimientos ni humor, puede sostener la oración durante toda la vida y dominar el vagar de la mente y el corazón.
La repetición, dice Soren Kierkegaard, es nuestro pan de cada día.
miércoles, 21 de julio de 2010
Aproximación a la INTERIORIDAD (II)
Nicolás de Ma. Caballero, cmf.
Miércoles 21 de Julio del 2010
Fuente: Ciudad Redonda
"Recuerdo que me habéis escrito que sufríais cuando tratabais de mantener vuestra atención. Esto es lo que sucede cuando sólo trabajáis con la cabeza; pero si descendéis al corazón, no tendréis ninguna dificultad. Vuestra cabeza se vaciará y vuestros pensamientos callarán. (...) No seáis perezosos, descended. En el corazón es donde se encuentra la vida, allí es donde debéis vivir. No imaginéis que se trata de algo que se referido a personas perfectas. No, ello concierne a todos los que han comenzado a buscar al Señor"1.
Entra dentro de ti, donde Dios te espera… Lo cité en mi artículo anterior; aquí lo localizo como un maravilloso texto conciliar (GS 14). Aunque la cosa es ‘vieja’, que Teófano el Recluso ya se nota preocupado por solucionar esta avería del hombre, que no encuentra el propio corazón:
"No hay actividad externa, por buena o religiosa que sea, que no arrastre con ella el peligro de la disipación, de la pérdida de Dios, a menos que nos mantengamos muy en guardia. A menos que nos mantengamos muy advertidos, podemos caer en usar la religión como un medio de escapar a la realidad de Dios. En el fondo sabemos que donde Dios nos aguarda es en la soledad de nuestro propio corazón... (...)… tarde o temprano, hemos de enfrentar la realidad de Dios dentro de nosotros mismos..."2.
Siéntate cómodamente.
Respeta las leyes de tu anatomía y de tu fisiología; que no haya violencia en tu postura.
Construye tu presencia humana
Construir la propia presencia significa imprescindiblemente dos cosas: darse cuenta, estar presente-combatir la ‘ausencia’¬-, y estar abierto-combatir estar ‘obstruido’-, egocentrado). Despiertos y abiertos fundamentan el acontecimiento de ser persona y de ser lo en la presencia de Dios desde el ámbito de un corazón que acoge. En definitiva, quien nos realiza es el corazón, ojo del huracán que define nuestra quietud y nuestra dinámica. Se parece algo a la ‘sabiduría’ bíblica que, sin salir de sí misma, todo lo mueve y remueve y renueva. ¡Qué bella es la Biblia para extraer de ellas palabra con las que hablar, sentimientos con los que consentir, silencios con los que estar y fuerza para ‘crear’, incluso nuestra propia identidad como ‘escuchadores’ de Dios y como ‘hijos suyos’. El acontecimiento de estar con Dios es la esencia misma de la oración, desde la vertiente del orante. Y es el ámbito de nuestra mayor presencia y de la mejor calidad.
Afronta tu inquietud.
A pesar del abismo interior que te llama a realizarte en él y al margen de sus esfuerzos mentales incapaces, notarás que algo se alborota dentro de ti; que el griterío de la misma mente está ahí como quien asustado ante algo ‘trágico’ grita asustado, levanta los brazos, se lleva las manos a la cara y grita y grita…y pide socorro. Y con sus aspavientos, flujos y reflujos permanentes, con sus gritos desaforados condiciona tu afectividad, tus nervios y tus músculos. Es tu inquietud. Partimos de ella como de una realidad vulgar y cotidiana. No te inquietes.
Se experimenta como una tensión nerviosa desagradable junto a una molesta sensación de aprensión, frecuentemente generalizada y difusa. La inquietud es una actitud defensiva. Aumenta nuestra percepción del dolor. Todos los síntomas psicosomáticos son resultado de la inquietud. Escucha tu bullicio interno sin reaccionar. Sólo como quien escucha el ruido de la lluvia tras la ventana. Y tú estás ‘más adentro’ sintiendo silenciosamente, sin apego, todo lo que ocurre.
Asume tus heridas.
Empieza a desarrollar tu volumen y solidez interno, lugar de serenidad donde todo ‘cabe’ porque lo asumes con su valor de curativo. O no es cierta, si se entiende la afirmación de que ‘del fondo de nuestra patología nace nuestra curación’. Todos, en el fondo somos pequeños ‘Jobs’ frustrados ante nuestras impotencias pero realizados en el bello interrogatorio de Dios que, al poner al descubierto nuestra ignorancia, nos facilita su sabiduría. Y las heridas se curan no sólo cuando desparecen, sino cuando el alma las asume con la nueva comprensión que nace de Dios. Lo verás convertirse en una fuente de crecimiento y elaborará en ti una manera nueva de estar entre los hombres.
"Si alguien te insulta agradéceselo, porque te da la oportunidad de haber descubierto una herida que llevas dentro. Tal vez esa persona no es la causa de lo que te pasa, algo que el tiempo ha ido acumulando y ahondando. Esa persona que te ha herido solamente ha puesto en marcha un proceso oculto.
Cierra la puerta, siéntate en silencio, sin ira hacia esa persona, con total conciencia del sentimiento que surge en ti. Empezarás no sólo a recordarlo sino a revivirlo de nuevo. Siente la herida, siente el dolor, no lo evites. Experiméntalo con toda intensidad. Es posible que te pongas a llorar... Dite: 'esta vez no voy a rechazar el dolor; voy a beberlo, voy a recibirlo como un huésped. Sumérgete en esa energía que desarrollas con tu dolor. En cuanto aceptas el dolor, deja de ser dolor y se convierte en una cualidad nueva para tu vida, aunque tardes días en digerirlo. Asume tu propio dolor; bebe tu propio cáliz... El dolor puede convertirse en éxtasis 3.
No te angusties; no te desanimes.
La aparente ineficacia de la oración; la aparente falta de resultados pueden provocar tu angustia y desánimo. Tú quieres ver algo; quieres sentir algo. Pero, no ves ni sientes nada 4. Ábrete a Dios, dentro de tu despertar interior. No te despiertas a la nada sino a una presencia que, aunque difusa, no es un fantasma sino el ‘Espíritu de tu Padre’ de arriba y de todas partes. En esa presencia es fácil despojarse de todo, incluso de la angustia que genera el ‘aferrarlo todo’. Ten en cuenta que ‘... aprendemos a base de soltarnos y dejarnos ir, no a base de añadirnos cosa alguna’ 5. La sociedad consumista-incluso de experiencias-no entiende semejante pobreza y despojo. Pero, entenderlo y asumirlo es condición necesaria para ‘caminar’. Y no desanimes que, hasta en tu ausencia, Dios está presente. Sólo que tienes que ‘abrir los ojos’…Y descansar…
________________________________________
1. TEOFANO EL RECLUSO, Arte de la oración, p. 165.
2. ANSELM MOYNIHAM, Siempre presencia de Dios, Madrid, Rialp, 1970, p. 21s.
3. OSHO, Meditación, La primera y última libertad, Madrid, Gaia, 1995, p.111.
4. San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo II,15, 2.5.
5. MARILYN FERGUSON, La conspiración de Acuario, Bs.As., Kairós, 1990, 4ª edic., p. 109
Miércoles 21 de Julio del 2010
Fuente: Ciudad Redonda
"Recuerdo que me habéis escrito que sufríais cuando tratabais de mantener vuestra atención. Esto es lo que sucede cuando sólo trabajáis con la cabeza; pero si descendéis al corazón, no tendréis ninguna dificultad. Vuestra cabeza se vaciará y vuestros pensamientos callarán. (...) No seáis perezosos, descended. En el corazón es donde se encuentra la vida, allí es donde debéis vivir. No imaginéis que se trata de algo que se referido a personas perfectas. No, ello concierne a todos los que han comenzado a buscar al Señor"1.
Entra dentro de ti, donde Dios te espera… Lo cité en mi artículo anterior; aquí lo localizo como un maravilloso texto conciliar (GS 14). Aunque la cosa es ‘vieja’, que Teófano el Recluso ya se nota preocupado por solucionar esta avería del hombre, que no encuentra el propio corazón:
"No hay actividad externa, por buena o religiosa que sea, que no arrastre con ella el peligro de la disipación, de la pérdida de Dios, a menos que nos mantengamos muy en guardia. A menos que nos mantengamos muy advertidos, podemos caer en usar la religión como un medio de escapar a la realidad de Dios. En el fondo sabemos que donde Dios nos aguarda es en la soledad de nuestro propio corazón... (...)… tarde o temprano, hemos de enfrentar la realidad de Dios dentro de nosotros mismos..."2.
Siéntate cómodamente.
Respeta las leyes de tu anatomía y de tu fisiología; que no haya violencia en tu postura.
Construye tu presencia humana
Construir la propia presencia significa imprescindiblemente dos cosas: darse cuenta, estar presente-combatir la ‘ausencia’¬-, y estar abierto-combatir estar ‘obstruido’-, egocentrado). Despiertos y abiertos fundamentan el acontecimiento de ser persona y de ser lo en la presencia de Dios desde el ámbito de un corazón que acoge. En definitiva, quien nos realiza es el corazón, ojo del huracán que define nuestra quietud y nuestra dinámica. Se parece algo a la ‘sabiduría’ bíblica que, sin salir de sí misma, todo lo mueve y remueve y renueva. ¡Qué bella es la Biblia para extraer de ellas palabra con las que hablar, sentimientos con los que consentir, silencios con los que estar y fuerza para ‘crear’, incluso nuestra propia identidad como ‘escuchadores’ de Dios y como ‘hijos suyos’. El acontecimiento de estar con Dios es la esencia misma de la oración, desde la vertiente del orante. Y es el ámbito de nuestra mayor presencia y de la mejor calidad.
Afronta tu inquietud.
A pesar del abismo interior que te llama a realizarte en él y al margen de sus esfuerzos mentales incapaces, notarás que algo se alborota dentro de ti; que el griterío de la misma mente está ahí como quien asustado ante algo ‘trágico’ grita asustado, levanta los brazos, se lleva las manos a la cara y grita y grita…y pide socorro. Y con sus aspavientos, flujos y reflujos permanentes, con sus gritos desaforados condiciona tu afectividad, tus nervios y tus músculos. Es tu inquietud. Partimos de ella como de una realidad vulgar y cotidiana. No te inquietes.
Se experimenta como una tensión nerviosa desagradable junto a una molesta sensación de aprensión, frecuentemente generalizada y difusa. La inquietud es una actitud defensiva. Aumenta nuestra percepción del dolor. Todos los síntomas psicosomáticos son resultado de la inquietud. Escucha tu bullicio interno sin reaccionar. Sólo como quien escucha el ruido de la lluvia tras la ventana. Y tú estás ‘más adentro’ sintiendo silenciosamente, sin apego, todo lo que ocurre.
Asume tus heridas.
Empieza a desarrollar tu volumen y solidez interno, lugar de serenidad donde todo ‘cabe’ porque lo asumes con su valor de curativo. O no es cierta, si se entiende la afirmación de que ‘del fondo de nuestra patología nace nuestra curación’. Todos, en el fondo somos pequeños ‘Jobs’ frustrados ante nuestras impotencias pero realizados en el bello interrogatorio de Dios que, al poner al descubierto nuestra ignorancia, nos facilita su sabiduría. Y las heridas se curan no sólo cuando desparecen, sino cuando el alma las asume con la nueva comprensión que nace de Dios. Lo verás convertirse en una fuente de crecimiento y elaborará en ti una manera nueva de estar entre los hombres.
"Si alguien te insulta agradéceselo, porque te da la oportunidad de haber descubierto una herida que llevas dentro. Tal vez esa persona no es la causa de lo que te pasa, algo que el tiempo ha ido acumulando y ahondando. Esa persona que te ha herido solamente ha puesto en marcha un proceso oculto.
Cierra la puerta, siéntate en silencio, sin ira hacia esa persona, con total conciencia del sentimiento que surge en ti. Empezarás no sólo a recordarlo sino a revivirlo de nuevo. Siente la herida, siente el dolor, no lo evites. Experiméntalo con toda intensidad. Es posible que te pongas a llorar... Dite: 'esta vez no voy a rechazar el dolor; voy a beberlo, voy a recibirlo como un huésped. Sumérgete en esa energía que desarrollas con tu dolor. En cuanto aceptas el dolor, deja de ser dolor y se convierte en una cualidad nueva para tu vida, aunque tardes días en digerirlo. Asume tu propio dolor; bebe tu propio cáliz... El dolor puede convertirse en éxtasis 3.
No te angusties; no te desanimes.
La aparente ineficacia de la oración; la aparente falta de resultados pueden provocar tu angustia y desánimo. Tú quieres ver algo; quieres sentir algo. Pero, no ves ni sientes nada 4. Ábrete a Dios, dentro de tu despertar interior. No te despiertas a la nada sino a una presencia que, aunque difusa, no es un fantasma sino el ‘Espíritu de tu Padre’ de arriba y de todas partes. En esa presencia es fácil despojarse de todo, incluso de la angustia que genera el ‘aferrarlo todo’. Ten en cuenta que ‘... aprendemos a base de soltarnos y dejarnos ir, no a base de añadirnos cosa alguna’ 5. La sociedad consumista-incluso de experiencias-no entiende semejante pobreza y despojo. Pero, entenderlo y asumirlo es condición necesaria para ‘caminar’. Y no desanimes que, hasta en tu ausencia, Dios está presente. Sólo que tienes que ‘abrir los ojos’…Y descansar…
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1. TEOFANO EL RECLUSO, Arte de la oración, p. 165.
2. ANSELM MOYNIHAM, Siempre presencia de Dios, Madrid, Rialp, 1970, p. 21s.
3. OSHO, Meditación, La primera y última libertad, Madrid, Gaia, 1995, p.111.
4. San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo II,15, 2.5.
5. MARILYN FERGUSON, La conspiración de Acuario, Bs.As., Kairós, 1990, 4ª edic., p. 109
sábado, 17 de julio de 2010
Tocando a nuestro seres queridos dentro del Cuerpo de Cristo

MISTERIO DE ENCARNACION
Ron Rolheiser, omi
Lunes 12 de Julio del 2010
Hace veintiocho años, cuando comencé a redactar esta columna, escribí un trabajo que titulé “Atando y desatando dentro del Cuerpo de Cristo”. Entre todos los artículos que he escrito en todo este tiempo, éste fue probablemente el que más reacciones provocó.
¿De qué se trata? ¿Cómo podemos atarnos y desatarnos unos a otros dentro del Cuerpo de Cristo? Aquí van las líneas esenciales:
Imagina que eres un padre o una madre que tiene un hijo que ya no va a la iglesia, que ya nunca reza, que ya no cumple los mandamiento morales de la Iglesia, que ya no respeta tu fe y es hasta abiertamente agnóstico o ateo. ¿Qué puedes hacer tú?
Puedes seguir orando por él y vivir responsablemente tus convicciones de fe, con la esperanza de que el ejemplo de tu vida ejerza poder eficaz donde tus palabras son ineficaces. Puedes ciertamente hacer eso, pero puedes hacer más todavía.
Puedes seguir amando y perdonando a tus hijos y, en la medida en que reciben ese amor y perdón, están recibiendo el amor y el perdón de Dios. Tu toque de afecto es el toque de Dios. Ya que eres parte del Cuerpo de Cristo, cuando los tocas, es Cristo quien los toca. Cuando les amas, es Cristo quien les ama. Cuando les perdonas, es Cristo quien les perdona, porque tu toque de afecto es el toque de la Iglesia.
Parte de la maravilla del misterio de la Encarnación consiste en el hecho asombroso de que podemos hacer unos por otros lo que Jesús hizo por nosotros. Jesús nos otorga ese poder: ‘Lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo’. Quedan perdonados los pecados de aquellos a quienes perdonéis.
Si formas parte del Cuerpo de Cristo, cuando perdonas a alguien, él o ella queda perdonado. Si amas a alguien, es Cristo quien le está amando, porque el Cuerpo de Cristo no es simplemente el cuerpo de Jesús, sino que es también el cuerpo de los creyentes. Sentirse tocado, amado y perdonado por un miembro del cuerpo de los creyentes es ser tocado, amado y perdonado por Cristo. El infierno es posible solamente cuando alguien se coloca a sí mismo completamente fuera del alcance del amor y del perdón, de modo que se vuelve incapaz de sentirse amado y perdonado. Y esto no es tanto una cuestión de rechazo de enseñanzas explícitas religiosas y morales, como de rechazo del amor tal como se nos ofrece en la comunidad de los que creen sinceramente en Jesús.
Más claro todavía:
Si algún ser querido tuyo se descarría y se aleja de la Iglesia en el campo de la práctica de la fe y de la moralidad, mientras tú sigas amando a esa persona y manteniéndola en tu amor y perdón, está ella tocando la “orla del manto de Cristo”, se mantiene unida al Cuerpo de Cristo y Dios la perdona, independientemente de su relación oficial y externa con la Iglesia. ¿Cómo?
Esas personas están tocando el Cuerpo de Cristo porque tu toque afectivo es toque de Cristo. Cuando tocas a alguien, a no ser que esa persona rechace activa y abiertamente tu amor y tu perdón, esa persona se está relacionando con el Cuerpo de Cristo. Y esto es así incluso más allá de la muerte: Si alguien muy cercano tuyo muere en un estado en el que, al menos externamente, se muestra reñido con la iglesia visible, tu amor y tu perdón seguirá “atando” a esa persona al Cuerpo de Cristo y seguirá ofreciendo perdón a esa persona, aun después de la muerte.
El famoso pensador y escritor inglés G.K. Chesterton expresó esto en una curiosa parábola: “Un hombre totalmente descuidado en asuntos espirituales y religiosos murió y aterrizó en el infierno. Y sus viejos amigos en la tierra le echaron mucho de menos. Su agente de negocios bajó a las puertas del infierno para ver si habría alguna posibilidad de recuperar al amigo. Pero, aunque suplicó que se abrieran las puertas, las barras de hierro nunca cedieron. Su párroco fue también y arguyó así: ‘Realmente no era él un mal hombre; si se le hubiera dado tiempo, habría madurado. ¡Déjenle salir, por favor!’ La puerta permaneció tercamente cerrada contra todas sus presiones. Finalmente se acercó al infierno la madre del pobre hombre; no pidió que liberaran a su hijo. Con calma, y con una extraña inflexión en su voz, le dijo a Satanás: ‘Déjame entrar’. Inmediatamente el enorme portalón se abrió girando sobre sus goznes…, porque el amor baja al infierno y penetra por sus puertas y… allí redime a los muertos”.
En el misterio de la Encarnación Dios se hace hombre: en Jesús, en la Eucaristía y en todos los que son sinceros en su fe. El poder y la misericordia increíbles que vinieron a nuestro mundo en la persona de Jesús están todavía con nosotros, al menos si optamos por activarlos. Somos el Cuerpo de Cristo. Lo que hizo Jesús por nosotros podemos hacerlo también nosotros, los unos por los otros. Nuestro amor y perdón son los cables que conectan a nuestros seres queridos con Dios, con la salvación y con la comunidad de los santos, aun cuando ya no caminen por el camino de la fe explícita.
¿Demasiado bonito para ser verdad? Sí, sin duda. Si no, ¿de qué otra manera podemos describir el misterio de la Encarnación?
Traducido por: Carmelo Astiz, cmf
fuente: www.ciudadredonda.org
viernes, 16 de julio de 2010
En la Eucaristía Dios nos Abraza

Ron Rolheiser
Lunes 14 de Junio del 2010
Reflexiones en torno a la Fiesta del Corpus Christi.
fuente: Ciudad Redonda
“El Señor, en la noche en que era entregado, tomó pan, dando gracias lo partió y dijo: Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11,23b-24).
“El Señor, en la noche en que era entregado, tomó pan, dando gracias lo partió y dijo: Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11,23b-24).
Cuentan que un niño judío llamado Mortaki se resistía a ir a la escuela. Cuando cumplió seis años, su madre lo llevó al colegio, pero él lloraba y protestaba por el camino e, inmediatamente después que su madre se marchó, el niño terco regresó corriendo a su casa. Ella lo volvió a llevar a la escuela. Esta escena se repitió varios días. El niño resistía quedarse en la escuela. Sus padres trataron de convencerle con razones, arguyendo que él, como todos los niños, tenía que ir a la escuela. En vano. Sus padres intentaron entonces el viejo truco de aplicarle una adecuada combinación de sobornos y amenazas. Tampoco esto fue efectivo.
Finalmente, desesperados, sus padres fueron a visitar a su rabino y le explicaron la situación. Por su parte, el rabino dijo simplemente: “Si el niño no atiende a las palabras, traédmelo”. Los padres llevaron al niño a la oficina del rabino. El rabino no dijo ni palabra. Sencillamente aupó al niño sobre su regazo, y lo abrazó y apretó un rato largo contra su corazón. Después, todavía sin decir palabra, lo bajó de su regazo. Lo que las palabras no habían podido lograr, un abrazo silencioso lo consiguió. Mortakai no sólo comenzó a ir a la escuela de buena gana, sino que más adelante llegó a ser gran profesor y rabino.
Lo que esta parábola expresa maravillosamente es cómo funciona la Eucaristía. En ella, Dios nos abraza físicamente. Efectivamente, eso es lo que son los sacramentos, abrazos físicos de Dios. Las palabras, como sabemos, tienen un poder relativo. En ocasiones críticas, con frecuencia nos fallan las palabras. Cuando pasa esto, tenemos todavía otro lenguaje, el lenguaje de los ritos. El ritual más antiguo y más primordial de todos es el ritual del abrazo físico. Puede expresar y lograr lo que no pueden las palabras.
Jesús actuó en esa línea. En la mayor parte de su ministerio, usó palabras. Por medio de palabras intentó traernos el consuelo, el reto y la fuerza de Dios. Sus palabras, como toda palabra, tenían un cierto poder. Efectivamente, sus palabras movían corazones, curaban a la gente y realizaban conversiones. Pero, al mismo tiempo, por más poderosas que fueran, las palabras se volvieron también insuficientes. Se necesitaba algo más. Así pues, en la noche previa a su muerte, habiendo agotado lo que podía expresar y hacer con palabras, Jesús fue más lejos, y las superó. Nos dio la Eucaristía, su abrazo físico, su beso, un ritual por el que nos abraza y nos guarda en su corazón.
A mi humilde entender, esa es la mejor manera que existe para comprender la Eucaristía. Durante todo mi entrenamiento y estudios teológicos estudié largos cursos sobre la Eucaristía. Al fin, esos estudios profundos no me explicaron el misterio de la Eucaristía, no porque no fueran buenos, sino porque la Eucaristía, como el beso, no necesita explicación y no tiene explicación. Si alguien fuera a escribir un libro de cuatrocientas páginas titulado “La Metafísica del Beso”, no merecería tener lectores. Los besos sencillamente actúan, su dinámica interior no necesita explicación metafísica.
La Eucaristía es un beso de Dios. André Dubos, el novelista que escribe en dialecto cajún, solía decir: “Sin la Eucaristía, Dios se convierte en un monólogo”. Es verdad. Hace un par de años, Brenda Peterson, en un pequeño pero excepcional ensayo titulado “En alabanza de la Piel”, describía que una vez le afectó a ella una fuerte erupción cutánea que ninguna medicina podía aliviar. Probó toda clase de médicos y medicinas. En vano. Finalmente, volvió a su abuela.
Recordó cómo su abuela solía dar masaje a su piel cuando era niña chiquita siempre que tenía sarpullido, contusiones o estaba enferma de cualquier enfermedad. El antiguo remedio funcionó de nuevo. Su abuela le dio masaje, repetidas veces, y el sarpullido que parecía imposible de erradicar despareció. La piel necesita que la toquen. Esto es precisamente lo que ocurre en la Eucaristía, y esa es la razón por la que la Eucaristía y todos los demás sacramentos siempre tienen algún elemento físico muy tangible – imposición de manos, consumición de pan y vino, inmersión en agua, unción con óleo. Un abrazo tiene que ser físico, no algo solamente imaginado.
G.K. Chesterton escribió una vez: “Llega un momento, normalmente al atardecer, cuando el niño se cansa de jugar a policías y ladrones. Es entonces cuando comienza a molestar y a meterse con el gato”. Las madres con niños pequeños conocen demasiado bien esa hora del atardecer y su dinámica particular. Llega un momento, normalmente justo antes de la cena, cuando la energía del niño es baja, cuando se siente cansado y gimotea y cuando la madre ha agotado su paciencia y su repertorio de avisos: “¡Deja eso quieto! ¡No hagas eso!” El niño, tenso y abatido, se abraza a la pierna de su madre. En ese momento la madre sabe lo que hacer. Toma y coloca al niño en su regazo. Contacto físico, no palabra, es lo que se necesita. En los brazos de su madre, el niño se va calmando y la tensión desaparece de su cuerpo por completo.
G.K. Chesterton escribió una vez: “Llega un momento, normalmente al atardecer, cuando el niño se cansa de jugar a policías y ladrones. Es entonces cuando comienza a molestar y a meterse con el gato”. Las madres con niños pequeños conocen demasiado bien esa hora del atardecer y su dinámica particular. Llega un momento, normalmente justo antes de la cena, cuando la energía del niño es baja, cuando se siente cansado y gimotea y cuando la madre ha agotado su paciencia y su repertorio de avisos: “¡Deja eso quieto! ¡No hagas eso!” El niño, tenso y abatido, se abraza a la pierna de su madre. En ese momento la madre sabe lo que hacer. Toma y coloca al niño en su regazo. Contacto físico, no palabra, es lo que se necesita. En los brazos de su madre, el niño se va calmando y la tensión desaparece de su cuerpo por completo.
Esa es una buena imagen o símbolo aplicable a la Eucaristía. Nosotros somos ese niño tenso, nervioso perdido, siempre atormentando al gato. Llega un momento, también con Dios, cuando las palabras no son suficientes. Dios nos tiene que aupar, tomar en sus brazos, como hace la madre con su hijo. Lo que se necesita es un abrazo físico. La piel necesita que la toquen. Dios sabe eso. Por eso Jesús nos dio la Eucaristía.
domingo, 11 de julio de 2010
¡ Comamos la VIDA !

San Agustín
Sermón 229
“Cuando se come a Cristo se come la vida.
No es que se lo mata para luego comerlo, sino que él da la vida a los muertos. Cuando se lo come da fuerzas, sin él debilitarse.
No tengamos miedo de comer este pan pensando en que tal vez se pueda terminar y después no encontremos qué tomar.
¡Qué Cristo sea comido; cuando es comido vive, puesto que muerto resucitó!
No se lo parte en trozos cuando lo comemos.
Así acontece en el sacramento, los fieles ya saben cómo comen la carne de Cristo: cada uno recibe su parte (…).
Se la come en porciones, pero permanece todo entero; en el sacramento se lo come en porciones, y permanece todo entero en el cielo, todo entero en tu corazón. (…)
Comamos tranquilos el cuerpo de Cristo que no desaparece lo que comemos; comámoslo para no desaparecer nosotros.
¿En qué consiste comer a Cristo?
No consiste solamente en comer su cuerpo en el sacramento; muchos lo reciben indignamente y a ellos dice el Apóstol: Quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, come y bebe su condenación .
Pero ¿cómo ha de ser comido Cristo?
Como él mismo lo indica: Quien come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él . Entonces, si él permanece en mí y yo en él, es entonces cuando me come y bebe; quien, en cambio, no permanece en mí ni yo en él, aunque reciba el sacramento, lo que consigue es un gran tormento”
sábado, 10 de julio de 2010
No nos apresuremos a condenar
“No nos apresuremos a suponer que nuestro enemigo es un salvaje
sólo porque es nuestro enemigo.
Quizá sea nuestro enemigo porque piensa que somos salvajes.
O posiblemente tenga miedo de nosotros
porque siente que tenemos miedo de él.
Y tal vez, si creyera que somos capaces de amarlo,
dejaría de ser nuestro enemigo.
No nos apresuremos a suponer que nuestro enemigo
es un enemigo de Dios sólo porque es nuestro enemigo.
Quizá sea nuestro enemigo precisamente porque no es capaz de ver en nosotros nada que dé gloria a Dios.
Tal vez tenga miedo de nosotros porque no puede encontrar en nosotros
nada del amor de Dios, de Su bondad, de Su paciencia,
de Su misericordia y Su comprensión de las debilidades humanas.
No nos apresuremos a condenar a la persona que ya no cree en Dios,
ya que quizá sea nuestra frialdad y avaricia,
nuestra mediocridad y materialismo, lo que ha matado su fe”.
Thomas Merton
"Nuevas semillas de contemplación"
sólo porque es nuestro enemigo.
Quizá sea nuestro enemigo porque piensa que somos salvajes.
O posiblemente tenga miedo de nosotros
porque siente que tenemos miedo de él.
Y tal vez, si creyera que somos capaces de amarlo,
dejaría de ser nuestro enemigo.
No nos apresuremos a suponer que nuestro enemigo
es un enemigo de Dios sólo porque es nuestro enemigo.
Quizá sea nuestro enemigo precisamente porque no es capaz de ver en nosotros nada que dé gloria a Dios.
Tal vez tenga miedo de nosotros porque no puede encontrar en nosotros
nada del amor de Dios, de Su bondad, de Su paciencia,
de Su misericordia y Su comprensión de las debilidades humanas.
No nos apresuremos a condenar a la persona que ya no cree en Dios,
ya que quizá sea nuestra frialdad y avaricia,
nuestra mediocridad y materialismo, lo que ha matado su fe”.
Thomas Merton
"Nuevas semillas de contemplación"
El compromiso cristiano
Extracto de la homilía de
Mons. Romero del 2 de abril de 1978,
IV p.129
Domingo de la 15º semana del tiempo ordinario ciclo "C"
san Lucas 10,25-37
"Hermanos, la parábola de Cristo condenó la actitud de un sacerdote y de un levita, porque no basta llevar hábito eclesiástico o decir yo soy católico para ser aprobado por Dios.
La caridad ante todo.
El amor al prójimo.
Y aunque sea obispo o sacerdote o bautizado, si no cumple con el ejemplo del buen samaritano, si como los malos sacerdotes de la antigua ley, da un rodeo para no encontrarse con el cuerpo herido, no tocar esas cosas: «prudencia, no ofendamos, más suave», entonces, hermanos, no cumplimos el mandato de Dios: rodeamos.
¡Cuántos rodean para no encontrarse!
Y cuanto más rodean más se encuentran, porque llevan su propia conciencia que no les deja en paz mientras no enfrenten la situación.
El compromiso cristiano es muy serio.
Y, sobre todo, nuestro compromiso sacerdotal y episcopal nos obliga a salir al encuentro del pobre herido en el camino."
Mons. Romero del 2 de abril de 1978,
IV p.129
Domingo de la 15º semana del tiempo ordinario ciclo "C"
san Lucas 10,25-37
"Hermanos, la parábola de Cristo condenó la actitud de un sacerdote y de un levita, porque no basta llevar hábito eclesiástico o decir yo soy católico para ser aprobado por Dios.
La caridad ante todo.
El amor al prójimo.
Y aunque sea obispo o sacerdote o bautizado, si no cumple con el ejemplo del buen samaritano, si como los malos sacerdotes de la antigua ley, da un rodeo para no encontrarse con el cuerpo herido, no tocar esas cosas: «prudencia, no ofendamos, más suave», entonces, hermanos, no cumplimos el mandato de Dios: rodeamos.
¡Cuántos rodean para no encontrarse!
Y cuanto más rodean más se encuentran, porque llevan su propia conciencia que no les deja en paz mientras no enfrenten la situación.
El compromiso cristiano es muy serio.
Y, sobre todo, nuestro compromiso sacerdotal y episcopal nos obliga a salir al encuentro del pobre herido en el camino."
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